jueves, 23 de agosto de 2012

En el bosque


La evolución del teatro, que como la de la vida misma hemos visto crecer y cambiar de manera acelerada en las últimas décadas, nos ha traído hasta un momento en que las definiciones resultan por demás ociosas, útiles tal vez para los estudiosos y quien por pretensión quiera ubicarse en tal o cual lado. Así En el bosque, escrita y dirigida por Víctor Ortiz puede situarse en ese espacio ubicuo del espectáculo escénico actual.
¿Expresionismo? ¿Posdramático? Yo no me atrevería a encasillar una historia que aparentemente se desarrolla de manera lineal, simple: un trastornado afilador habita en el bosque cerca de una mujer que vive con su hija, el mantiene una obsesión para con la pastora que al parecer no es indiferente, un acercamiento furtivo descubierto por la niña llevará el frágil equilibrio a la locura.
Las acciones se desarrollan sin que los actores emitan frase alguna, es un completo ejercicio de expresión corporal con lo que se comunican con el público y lo hacen muy bien, las acciones físicas marcan la progresión dramática logrando al mismo tiempo momentos muy plásticos, el trabajo mayor lo lleva Antonio Orta, el afilador, sin que decir ello implique que lo que hacen Irma Alvarado, Marieta, y Carmen Valles, Lalash sea menor.
Interesante la propuesta de Ortiz, quien es también el artista potosino más activo en la Muestra Estatal de Teatro que con este montaje inició en San Luis Potosí, catorce veremos en total, ya se irán comentando.

(La foto está tomada sin permiso del muro del estimado Antonio Retana)

miércoles, 22 de agosto de 2012

Oscuro

El preámbulo para el arranque de la Muestra Estatal de teatro, que después de varios años de ausencia se vuelve a dar en San Luis Potosí se da con la presentación -única, desafortunadamente- de Oscuro, tercer montaje de Compañía de teatro del Instituto Potosino de Bellas Artes y una experiencia revitalizante al teatro del estado, aunque el mismo esté casi ausente en la puesta.
Bordeando vagamente (intervención libre, dice en el cartel) al Otelo de Shakespeare, tres personajes disertan en un incierto paraje sobre las relaciones humanas, el poder, la violencia y los demonios internos. Des (Luciana Silveyra) una Desdémona bragada y manipuladora, Otter (Ricardo Esquerra) como un Otelo que trata de ser cerebral pero está nublado por las pasiones y Jako (Plutarco Haza), el Yago desparpajado y ambicioso conforman este trío atrapado en un pedazo de desierto que puede ejemplificar lo seco de sus propias vidas.
La puesta en escena planteada por parte de Marco Vieyra muestra buena mano al distribuir el trazo de manera que el espectador se mantiene siempre atento pese a la excesiva verbalidad de algunos monólogos, el trabajo de los actores ha sido bien aprovechado y la composición de escenografía y vestuario, a cargo del experimentado Philippe Amand enmarca a la perfección un trabajo que va directo a los sentidos, que no apela a una progresión convencional porque transita en una línea espacio-temporal paralela a la nuestra aunque cercana como para saber que de lo que hablan nos atañe de manera directa.
El texto es obra de Edgar Chías, uno de los talentos nacionales de la generación que abre este siglo y en él se ven reflejadas constantes de su obra como la reflexión en torno al sinsentido de la violencia, los roles femenino-masculino en sus polos positivo y negativo y la lucha de poder en general, tanto de manera simbólica como explícita.
Uno de los elementos más atractivos es la presencia de un caballo blanco manejado por Claudia Florescano y el rejoneador Enrique Fraga, al que le he dedicado atención aparte porque presenta al mismo tiempo un acierto como un exceso. Hay momentos en que la aparición tiene una significación específica que enriquece -la aparición de Des, el ascenso de Jako- pero en otros se torna meramente ornamental al grado que se llega a predecir el momento en que saldrá, lo resalto porque creo que llega a afectar al conjunto de la obra al acercarla al mero espectáculo visual, algo injusto para un trabajo conjunto que merece reconocimiento.
Finalmente, hay que reconocer también la intervención de Víctor Ortiz como El hombre, rol que pese a su brevedad nos permite disfrutar de sus capacidades físicas. El diseño sonoro en vivo por parte de Juan Pablo Villa y el vestuario de Carmita Soria son otros aciertos del montaje. La obra se ha inscrito para la eliminatoria de la Muestra Nacional de Teatro que se llevará a cabo por segunda ocasión en noviembre de este año en la capital potosina, esperemos que libre esta etapa y la podamos ver de nueva cuenta, esperemos también que la competencia le sea dura y que ello signifique la recuperación de un nivel perdido en el estado y el país.