sábado, 27 de septiembre de 2008

Homenaje a Ibargüengoitia III


En esta tercer entrega del homenaje al maestro Ibargüengoitia les dejo un cuento incluido en La Ley de Herodes, único libro que el gran guanajuatense publicó en este género, aunque encasillarlo ahí es un tanto impreciso, porque cada una de las narraciones del libro contiene bastantes elementos biográficos. Que lo disfruten.

LA MUJER QUE NO

Debo ser discreto. No quiero comprometerla. La llamaré... En el cajón de mi escritorio tengo todavía una foto suya, junto con las de otras gentes y un pañuelo sucio de maquillaje que le quité no sé a quién, o mejor dicho sí sé, pero no quiero decir, en uno de los momentos cumbres de mi vida pasional. La foto de que hablo es extraordinaria mente buena para ser de pasaporte. Ella está mirando al frente con sus grandes ojos almendrados, el pelo estirado hacia atrás, dejando a descubierto dos orejas enormes, tan cercanas al cráneo en su parte superior, que me hacen pensar que cuando era niña debió traerlas sujetas con tela adhesiva para que no se le hicieran de papalote; los pómulos salientes, la nariz pequeña con las fosas muy abiertas, y abajo... su boca maravillosa, grande y carnuda. En un tiempo la contemplación de esta foto me producía una ternura muy especial, que iba convirtiéndose en un calor interior y que terminaba en los movimientos de la carne propios del caso. La llamaré Aurora. No, Aurora no. Estela, tampoco. La llamaré ella.
Esto sucedió hace tiempo. Era yo más joven y más bello. Iba por las calles de Madero en los días cercanos a la Navidad, con mis pantalones de dril recién lavados y trescientos pesos en la bolsa. Era un mediodía brillante y esplendoroso. Ella salió de entre la multitud y me puso una mano en el antebrazo. "Jorge", me dijo. Ah, che la vita é bella! Nos conocemos desde que nos orinábamos en la cama (cada uno por su lado, claro está), pero si nos habíamos visto una docena de veces era mucho. Le puse una mano en la garganta y la besé. Entonces descubrí que a tres metros de distancia, su mamá nos observaba. Me dirigí hacia la mamá, le puse una mano en la garganta y la besé también. Después de eso, nos fuimos los tres muy contentos a tomar café en Sanborns. En la mesa, puse mi mano sobre la suya y la apreté hasta que noté que se le torcían las piernas; su mamá me recordó que su hija era decente, casada y con hijos, que yo había tenido mi oportunidad trece años antes y que no la había aprovechado. Esta aclaración moderó mis impulsos primarios y no intenté nada más por el momento. Salimos de Sanborns y fuimos caminando por la alameda, entre las estatuas pornográficas, hasta su coche que estaba estacionado muy lejos. Fue ella, entonces, quien me tomó de la mano y con el dedo de enmedio, me rascó la palma, hasta que tuve que meter mi otra mano en la bolsa, en un intento desesperado de aplacar mis pasiones. Por fin llegamos al coche, y mientras ella se subía, comprendí que trece años antes no sólo había perdido sus piernas, su boca maravillosa y sus nalgas tan saludables y bien desarrolladas, sino tres o cuatro millones de muy buenos pesos. Fuimos a dejar a su mamá que iba a comer no importa dónde. Seguimos en el coche, ella y yo solos y yo le dije lo que pensaba de ella y ella me dijo lo que pensaba de mí. Me acerqué un poco a ella y ella me advirtió que estaba sudorosa, porque tenía un oficio que la hacía sudar. "No importa, no importa." Le dije olfateándola. Y no importaba. Entonces, le jalé el cabello, le mordí el pescuezo y le apreté la panza. . . hasta que chocamos en la esquina de Tamaulipas y Sonora.
Después del accidente, fuimos al Sep de Tamaulipas a tomar ginebra con quina y nos dijimos primores.
La separación fue dura, pero necesaria, porque ella tenía que comer con su suegra. "¿Te veré?" "Nunca más." "Adiós, entonces." "Adiós." Ella desapareció en Insurgentes, en su poderoso automóvil y yo me fui a la cantina el Pilón, en donde estuve tomando mezcal de San Luis Potosí y cerveza, y discutiendo sobre la divinidad de Cristo con unos amigos, hasta las siete y media, hora en que vomité. Después me fui a Bellas Artes en un taxi de a peso.
Entré en el foyer tambaleante y con la mirada torva. Lo primero que distinguí, dentro de aquel mar de personas insignificantes, como Venus saliendo de la concha. . . fue a ella. Se me acercó sonriendo apenas, y me dijo: "Búscame mañana, a tal hora, en tal parte"; y desapareció.
¡Oh, dulce concupiscencia de la carne! Refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos, alivio de los enfermos mentales, diversión de los pobres, esparcimiento de los intelectuales, lujo de los ancianos. ¡Gracias, Señor, por habernos concedido el uso de estos artefactos, que hacen más que palatable la estancia en este Valle de Lágrimas en que nos has colocado!

Al día siguiente acudí a la cita con puntualidad. Entré en el recinto y la encontré ejerciendo el oficio que la hacía sudar copiosamente. Me miró satisfecha, orgullosa de su pericia y un poco desafiante, y también como diciendo: "Esto es para ti." Estuve absorto durante media hora, admirando cada una de las partes de su cuerpo y comprendiendo por primera vez la esencia del arte a que se dedicaba. Cuando hubo terminado, se preparó para salir, mirándome en silencio; luego me tomó del brazo de una manera muy elocuente, bajamos una escalera y cuando estuvimos en la calle, nos encontramos frente a frente con su chingada madre.
Fuimos de compras con la vieja y luego a tomar café a Sanborns otra vez. Durante dos horas estuve conteniendo algo que nunca sabré si fue un sollozo o un alarido. Lo peor fue que cuando nos quedamos solos ella y yo, empezó con la cantaleta estúpida de: "¡Gracias, Dios mío, por haberme librado del asqueroso pecado de adulterio que estaba a punto de cometer!" Ensayé mis recursos más desesperados, que consisten en una serie de manotazos, empujones e intentos de homicidio por asfixia, que con algunas mujeres tienen mucho éxito, pero todo fue inútil; me bajó del coche a la altura de Félix Cuevas.
Supongo que se habrá conmovido cuando me vio parado en la banqueta, porque abrió su bolsa y me dio el retrato famoso y me dijo que si algún día se decidía (a cometer el pecado), me pondría un telegrama.

Y esto es que un mes después recibí, no un telegrama, sino un correograma que decía: "Querido Jorge: búscame en el Konditori, el día tantos a tal hora (p.m.) Firmado: Guess who? (advierto al lector no avezado en el idioma inglés que esas palabras significan "adivina quién"). Fui corriendo al escritorio, saqué la foto y la contemplé pensando en que se acercaba la hora de ver saciados mis más bajos instintos.
Pedí prestado un departamento y también dinero; me vestí con cierto descuido pero con ropa que me quedaba bien, caminé por la calle de Génova durante el atardecer y llegué al Konditori con un cuarto de hora de anticipación. Busqué una mesa discreta, porque no tenía caso que la vieran conmigo un centenar de personas, y cuando encontré una me senté mirando hacia la calle; pedí un café, encendí un cigarro y esperé. Inmediatamente empezaron a llegar gentes conocidas, a quienes saludaba con tanta frialdad que no se atrevían a acercárseme.
Pasaba el tiempo.
Caminando por la calle de Génova pasó la Joven N, quien en otra época fuera el Amor de mi Vida, y desapareció. Yo le di gracias a Dios.
Me puse a pensar en cómo vendría vestida y luego se me ocurrió que en dos horas más iba a tenerla entre mis brazos, desvestida. . .
La Joven N volvió a pasar, caminando por la calle de Génova, y desapareció. Esta vez tuve que ponerme una mano sobre la cara, porque la Joven N venía mirando hacia el Konditori.
Era la hora en punto. Yo estaba bastante nervioso, pero dispuesto a esperar ocho días si era necesario, con tal de tenerla a ella, tan tersa, toda para mí.
Y entonces, que se abre la puerta del Konditori, entra la Joven N, que fuera el Amor de mi Vida, cruza el restorán y se sienta enfrente de mí, sonriendo y preguntándome: "Did you guess right?"
Solté la carcajada. Estuve riéndome hasta que la Joven N se puso incómoda; luego, me repuse, platicamos un rato apaciblemente y por fin, la acompañé a donde la esperaban unas amigas para ir al cine.

Ella, con su marido y sus hijos, se habían ido a vivir a otra parte de la República.
Una vez, por su negocio, tuve que ir precisamente a esa ciudad; cuando acabé lo que tenía que hacer el primer día, busqué en el directorio el número del teléfono de ella y la llamé. Le dio mucho gusto oír mi voz y me invitó a cenar.
La puerta tenía aldabón y se abría por medio de un cordel. Cuando entré en el vestíbulo, la vi a ella, al final de una escalera, vestida con unos pantalones verdes muy entallados, en donde guardaba lo mejor de su personalidad. Mientras yo subía la escalera, nos mirábamos y ella me sonreía sin decir nada. Cuando llegué a su lado, abrió los brazos, me los puso alrededor del cuello y me besó. Luego, me tomó de la mano y mientras yo la miraba estúpidamente, me condujo a través de un patio, hasta la sala de la casa y allí, en un couch, nos dimos entre doscientos y trescientos besos . . . hasta que llegaron sus hijos del parque. Después, fuimos a darles de comer a los conejos.
Uno de los niños, que tenía complejo de Edipo, me escupía cada vez que me acercaba a ella, gritando todo el tiempo: " ¡Es mía!'' Y luego, con una impudicia verdaderamente irritante, le abrió la camisa y metió ambas manos para jugar con los pechos de su mamá, que me miraba muy divertida. Al cabo de un rato de martirio, los niños se acostaron y ella y yo nos fuimos a la cocina, para preparar la cena. Cuando ella abrió el refrigerador, empecé mi segunda ofensiva, muy prometedora, por cierto, cuando llegó el marido. Me dio un ron Batey y me llevó a la sala en donde estuvimos platicando no sé qué tonterías. Por fin estuvo la cena. Nos sentamos los tres a la mesa, cenamos y cuando tomábamos el café, sonó el teléfono. El marido fue a contestar y mientras tanto, ella empezó a recoger los platos, y mientras tanto, también, yo le tomé a ella la mano y se la besé en la palma, logrando, con este acto tan sencillo, un efecto mucho mayor del que había previsto: ella salió del comedor tambaleándose, con un altero de platos sucios. Entonces regresó el marido poniéndose el saco y me explicó que el telefonazo era de la terminal de camiones, para decirle que acababan de recibir un revólver Smith & Wesson calibre 38 que le mandaba su hermano de México, con no recuerdo qué objeto; el caso es que tenía que ir a recoger el revólver en ese momento; yo estaba en mi casa: allí estaba el ron Batey, allí, el tocadiscos, allí, su mujer. Él regresaría en un cuarto de hora. Exeunt severaly: él vase a la calle; yo, voyme a la cocina y mientras él encendía el motor de su automóvil, yo perseguía a su mujer. Cuando la arrinconé, me dijo: "Espérate" y me llevó a la sala. Sirvió dos vasos de ron, les puso un trozo de hielo a cada uno, fue al tocadiscos, lo encendió, tomó el disco llamado Le Sacre du Sauvage, lo puso y mientras empezaba la música brindamos: habían pasado cuatro minutos. Luego, empezó a bailar, ella sola. "Es para ti", me dijo. Yo la miraba mientras calculaba en qué parte del trayecto estaría el marido, llevando su mortífera Smith & Wesson calibre 38. Y ella bailó y bailó. Bailó las obras completas de Chet Baker, porque pasaron tres cuartos de hora sin que el marido regresara, ni ella se cansara, ni yo me atreviera a hacer nada. A los tres cuartos de hora decidí que el marido, con o sin Smith & Wesson, no me asustaba nada. Me levanté de mi asiento, me acerqué a ella que seguía bailando como poseída y, con una fuerza completamente desacostumbrada en mí, la levanté en vilo y la arrojé sobre el couch. Eso le encantó. Me lancé sobre ella como un tigre y mientras nos besamos apasionadamente, busqué el cierre de sus pantalones verdes y cuando lo encontré, tiré de él... y ¡mierda!, ¡que no se abre! Y no se abrió nunca. Estuvimos forcejando, primero yo, después ella y por fin los dos, y antes regresó el marido que nosotros pudiéramos abrir el cierre. Estábamos jadeantes y sudorosos, pero vestidos y no tuvimos que dar ninguna explicación.

Hubiera podido, quizá, regresar al día siguiente a terminar lo empezado, o al siguiente del siguiente o cualquiera de los mil y tantos que han pasado desde entonces. Pero, por una razón u otra nunca lo hice. No he vuelto a verla. Ahora, sólo me queda la foto que tengo en el cajón de mi escritorio, y el pensamiento de que las mujeres que no he tenido (como ocurre a todos los grandes seductores de la historia), son más numerosas que las arenas del mar.

martes, 16 de septiembre de 2008

Para documentar la estupidez humana V. Pruebas irrefutables en el sistema educativo mexicano.

Si Vasconcelos viviera, estoy seguro que se suicidaba. Los esfuerzos del llamado Apóstol de la educación en México no sólo no han rendido frutos con el paso del tiempo, sino que la única etapa en que el sistema educativo de nuestro país ha sido un poco decente se encuentra a años luz de lo que sucede en la actualidad. Transcribo una nota aparecida en Pulso -diario que se publica en San Luis Potosí- el 16 de septiembre de 2008:

El 82.1% de los 23 mil 157 alumnos de nivel bachillerato a quienes se les aplicó la prueba ENLACE[1], obtuvieron calificaciones de “insuficiente” o “elemental” en el área de Matemáticas.
En cuanto al parámetro “Habilidad lectora”, el 49.6% de los 23 mil 105 evaluados obtuvieron los mismos resultados.
Las calificaciones “Insuficiente” y “elemental” en el área de Matemáticas, explica la Unidad de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas, significan que el alumno no tiene capacidad para resolver problemas que involucren más de un procedimiento, ni tampoco las que requieren realizar multiplicaciones y divisiones combinando números enteros y fraccionarios.
No pueden tampoco calcular raíces cuadradas, hacer uso de razones ni de proporciones y mucho menos resolver problemas mixtos. En el caso de San Luis Potosí, 46.8% de los jóvenes evaluados obtuvo calificación insuficientes y 35.3 elemental.
En cuanto a “Habilidad lectora”, la prueba reveló que casi la mitad de los jóvenes potosinos no son capaces de relacionar elementos que se encuentran a lo largo del texto. Tampoco comprenden de forma completa y detallada el contenido global de un texto. No infieren relaciones del tipo problemas-solución, causa-efecto ni comparación-contraste.

Hay que señalar que la nota es incompleta, pues solamente documenta la ínfima preparación con que cuentan los imberbes adolescentes sin hacer mención de que obviamente los índices bajan en relación al grado de marginación, es decir, entre más pobre, menos entra la letra, lo cual nos conduce a un problema distinto al que originalmente nos ocupa.
Hecha la aclaración anterior hay que ser justos y reconocer que sí, la culpa es de la baja calidad de los maestros mexicanos, hundidos y retozando felices en el lodazal sindicalista que los absuelve de cumplir con sus obligaciones y les brinda todas las facilidades para que las 2 neuronas que activan los escasos días en que imparten clase, no sufran mayor deterioro. Es cierto, ellos son culpables. Pero también los padres de familia, y en gran medida. No se puede delegar alegremente la responsabilidad a los tipos que se paran frente al pizarrón, como ya se ha dicho muchas veces antes y pese a la indignación que causa esto a los pobres hombres que trabajan todo el día sin parar y las abnegadas amas de casa que apenas se dan tiempo para las labores del hogar.
Sin embargo y para consuelo de los arriba acusados, hay que reconocer que el grado de estupidez ha crecido naturalmente de unos años a la fecha. Salvo raras excepciones, el grueso de los jóvenes y generaciones venideras se distinguen por una feliz propensión a la banalidad intelectual y holgazanería neuronal. Ahora, como en mis tiempos y en los de mis padres y etc. se puede hacer la misma pregunta: ¿de qué carajos me sirve a aprender a sacar una raíz cuadrada? Pregunta muy justa si pensamos en la vida práctica y más si nuestro camino no se dirige al área de las ciencias duras, pero que también ahora, como hace muchos años, se puede responder igual: para ejercitar el cerebro. Para desarrollar habilidades intelectuales. Para aprender a pensar.
De la lectura… bueh… bastante bien sabidas son las cifras de nivel de lectura en nuestro país, aquí la novedad es que al parecer si ya de entrada se lee poco, el asunto empeora porque los jóvenes no comprenden lo que leen. Hace poco leía un artículo donde se decía que gracias al Internet la gente volvió a leer, ya que en buena medida de ahí se extrae la información. Yo por el contrario pienso que se lee poco y se escribe peor, además que de acuerdo a las estadísticas la verdad parece tenerla aquella canción del musical Avenue Q que generó miles de versiones en la red gracias a su famoso y dogmático coro: The Internet is for porn.
En fin, está visto que la realidad supera a los blogueros pesimistas y misántropos como este escribidor.


[1] Según la descripción de la propia Secretaría de Educación Pública esta prueba: “ENLACE Media Superior es una prueba que tiene como objetivo determinar en qué medida los jóvenes son capaces de aplicar a situaciones del mundo real conocimientos y habilidades básicas adquiridas a lo largo de la trayectoria escolar que les permitan hacer un uso apropiado de la lengua –habilidad lectora– y las matemáticas -habilidad matemática-.
No es un examen que aprueba o reprueba. Tampoco permite emitir juicios de valor para calificar o descalificar la calidad de los servicios educativos de los planteles de media superior.
Es un instrumento de evaluación que proporciona información a la sociedad acerca del grado de preparación que han alcanzado los estudiantes del último grado de Educación Media Superior promoviendo la transparencia y rendición de cuentas.”
Es decir, se curan en salud para afirmar que si los escuincles son burros es por una cuestión congénita y no por la propia estupidez de los maestros.

martes, 9 de septiembre de 2008

Las puertitas del señor López


En 1979 Argentina vivía bajo la dictadura del criminal lamentablemente aún vivo Jorge Rafael Videla. Eran tiempos oscuros para la libertad de pensamiento y expresión, las desapariciones forzadas se tomaban como algo común y los derechos humanos simplemente no existían para el gobierno. Con todo, bajo este clima de terror aparece en 1979 en las legendarias páginas del número 1 de la revista El péndulo[1], la primera entrega de Las puertitas del señor López, una de las piezas cumbres de la historieta argentina, obra de dos grandes de este arte, Horacio Altuna y Carlos Trillo.
Como toda buena obra de arte, Las puertitas del señor López puede ser leída en diversos niveles semánticos, aunque Altuna es bastante claro: "La historia trataba de un tipo muy pusilánime; era una visión de la Argentina bajo la dictadura. Nosotros la hacíamos pensando que estábamos bajo ese régimen".
La anécdota es única y de ahí parten todas las historias; López, un tipo regordete, calvo y –como ya señaló el autor- muy pusilánime, jamás levanta la voz, opina o se expresa de manera alguna ante una situación que para él o quienes en ese momento le rodean resulte denigrante, lo que hace es disculparse y dirigirse al baño, tras cuya puerta encuentra una cierta liberación de la mente –que no suya- con la cual escapa de la pesada realidad circundante. La transición no siempre resulta gratificante; tras la puerta López no adquiere la valentía, el coraje, la facilidad de palabra o el espíritu de la venganza, simplemente es otro plano de realidad construido en su mente limitada, que por tanto no es siempre alentador. En una ocasión entra al baño para librarse del pesado ambiente que se ha creado en la oficina por la llegada del nuevo jefe -del cual dicen es un monstruo-, sólo para encontrarse al cerrar la puerta con el mismísimo Nosferatu, quien lo persigue hasta acorralar al pobre López, pero de súbito desiste del ataque final y huye asustado al sentir al otro lado de la puerta la presencia del jefe-monstruo.
La puerta en tanto no representa un escape, sino la imposibilidad de la salida cuando la opresión del ambiente rebasa la propia voluntad, el miedo a la plena individualización del que habla Fromm en El miedo a la libertad. López encarna por tanto a esa sociedad empequeñecida por el miedo que reinaba en la Argentina bajo la dictadura, pero al mismo tempo representa a cada uno de nosotros en las infinitas ocasiones de la vida en que se deja de hacer lo que se quiere, o ya ni siquiera se recuerda que es ello y simplemente se deja pasar el tiempo, la vida, la miseria que nos tiene envueltos.
Los dejo con una de las peripecias del pobre López. Sería genial conseguir cualquiera de los dos tomos que recopilan la historieta (que impresa es la mejor manera de apreciar el noveno arte) pero como eso resulta un tanto bastante complicado, les paso el tip de que en Archivo de comics pueden descargar el primer tomo. Den click sobre las imágenes para verlas a mayor tamaño.





[1] El Péndulo fue una revista de historietas y literatura creada por Marcial Souto en 1979 que transitó por cuatro épocas hasta su desaparición en 1991. El primer número de la revista incluía artículos sobre rock, Lovecraft, cuentos de Bradbury, J.G. Ballard y otros autores, además de trabajos de algunos de los más importantes artistas de la historieta argentina, Enrique Breccia, Fontanarrosa y, por supuesto Trillo y Altuna.

domingo, 31 de agosto de 2008

Aforismos para este infierno

Para la sociedad, lo correcto es hacer lo que se “debe”, para vivir, lo correcto es hacer lo que se quiere.

Lo único que te perteneces es tu propio cuerpo, es el único espacio inalienable, por tanto, puedes y debes hacer con él lo que quieras sin remordimiento por lo que piensen los demás.

El espacio que la tuya ocupa en la línea de la vida es ínfimo, así que no vale la pena desperdiciarla moralmente en cualquier tipo de privación de placer voluntaria.

La idea de dios es absoluta y necesaria, mas no por ello hay razón de dirigirse siempre con respeto a dicho ente, todo el bien proviene de su gracia, pero el mal entonces no existiría sin su venia.

El alma es una idea de devoción para entregarse a los seres amados, el espíritu propio, tal como el cuerpo, es enteramente íntimo.

La vida en pareja para nuestra cultura es sinónimo de subordinación y esclavitud permisiva, nunca de compartición de libertades.

La razón la tengo yo, tanto como tú y el resto del mundo.

lunes, 25 de agosto de 2008

Homenaje a Ibargüengoitia II


Libro de oro del teatro mexicano o la vida apasionadade don Marcelino Menéndez y Pelayo

A raíz de las recientes declaraciones de Carlos Solórzano en Ovaciones de no me acuerdo qué fecha y de mi airada respuesta a las mismas, he ocupado mis ratos de ocio en una serie de meditaciones que podrían agruparse bajo el shakesperiano título de: Are we, Mexican Playwrights, Missing the Chaberpot? Estas meditaciones, como las de toda persona adiestrada en la labor jesuítica, tienen como esquema primordial una pregunta íntima y su contestación, como por ejemplo: 1. Si yo no fuera Jorge Ibargüengoitia, ¿leería las obras de Jorge Ibargüengoitia? Respuesta: definitivamente no. Leería las de Mickey Spilane, el tratado de floricultura de la señora Mondragón, las obras completas del Marqués de Santa Cruz, y quizá hasta el diccionario de la Real Academia, pero no mis obras. ¿Por qué? a) Porque están... 1) inéditas; 2) editadas en libros carísimos junto con otras nueve que no me interesan; 3) publicadas en revistas agotadas, desaparecidas o no catalogadas. b) Prefiero otras lecturas. 2. ¿Para qué las escribí? Respuesta: francamente no sé. [Debo confesar que a esta pregunta he dado diferentes respuestas conforme pasan los años y en mi rostro se van marcando las huellas de todos los vicios. En una época, de esto hace muchos años, contestaba (emulando a mis mayores) que escribía porque tenía necesidad de expresarme, y que para mí el teatro fue siempre el único medio de comunicación posible; lo cual es una de las grandes mentiras en la historia de la literatura, pues desde que tengo cinco años conozco varios medios de comunicación mucho más eficaces que el teatro. De cualquier manera, si escogí el teatro como medio de comunicación debí tener más cuidado con lo que decía, porque ahora encuentro que lo comunicado es a la técnica de comunicarlo tan desproporcionado, como gastar 10,000 millones en alfabetizar al pueblo mexicano para que pueda leer a la Doctora Corazón. Después adopté otra actitud piú coraggiosa: dije que escribía porque me daba la gana. Este paso de la necesidad de expresión al “porque me da la gana” corresponde, en la vida íntima del autor, al paso de las inhibiciones sexuales a la frustración absoluta. Pues bien, ahora digo que no sé por qué escribí catorce comedias. Aparentemente esta perplejidad la comparten muchas personas, como lo demuestra la frecuencia con que son estrenadas mis obras.] 3. Si escribí las comedias, ¿por qué no hago lo posible por que sean llevadas a escena? Respuesta: Porque cada vez que voy al teatro, le doy gracias a Dios de que no sea mía la obra que están montando. [Comentario: esta actitud proviene indiscutiblemente de un trauma (probablemente múltiple). En mi juventud escribí una obra llamada Susana y los jóvenes; esta obra fue elegida por la Unión Nacional de Autores para ser representada en la temporada de la misma. En aquella época, La Epoca de Oro de la Unión, había una temporada formal en la Sala Chopin, en donde se representaban obras de Basurto, de Solana y de no recuerdo qué otras celebridades, y otra temporada, no sé si de autores noveles o vergonzantes, en el Teatro Ródano. Usigli iba a dirigir Susana y los jóvenes. El día de la lectura, yo me senté en el piso atrás de un sofá, de donde me fueron a sacar para colocarme en un lugar de honor junto a Usigli. Usigli leyó la obra, porque yo estaba aterrado. Asistieron Fernando Mendoza, Maricruz Olivier, María Teresa Rivas, Tony Carvajal, Tara Parra, Miguel Córcega y Héctor Gómez, y también Argentina Usigli. Argentina, haciendo gala de un compañerismo que nunca agradeceré lo bastante, se rio cada vez que fue necesario; los demás permanecieron observándome como las Pirámides. Cuando terminó la lectura, Fernando Mendoza tuvo la amabilidad de hacerme algunas indicaciones acerca de los cambios que él consideraba necesarios para que la obra no fuera tan mala; María Teresa Rivas opinó que el personaje femenino era oligofrénico, porque ella, a la edad de Susana, ya había tenido no sé qué experiencias; pero lo peor vino cuando Usigli me presentó a Maricruz Olivier... Esto es que tres meses antes de estos sucesos, estando en una fiesta con un vaso de cristal cortado lleno de cuba libre en una mano, me cayó una pesada trampa de madera en esa mano, de tal manera que el vaso de cristal cortado me hizo pedazos una arteria y salió un chorro de sangre con el que bañé a todos los invitados; me llevaron a la Cruz Roja, me cosieron, regresé a los tres días, me quitaron las puntadas, y como suele suceder en esos casos, me dejaron una; la herida, en vez de cicatrizar, desarrollaba una purulencia infecta, que tenía yo que extirpar de vez en cuando y bañar con agua oxigenada. Pues esto es que, precisamente la noche de la lectura, esta purulencia había alcanzado un grado de madurez extraordinario, y en el momento en que la eximia Maricruz estrechó mi poderosa diestra, explotó y salió en forma de un chisguete que fue a dar precisamente en el ojo de la actriz. Ella no dijo nada, pero no volvió a poner un pie en el teatro. Después vino una época de decepciones: Usigli se fue a Dublín, la temporada de la Chopin se vino abajo, se acabó el dinero de la Unión, bajaron los sueldos, cambiaron los actores, una obra de Villaurrutia entró a salvar la situación (con el único resultado de que el déficit aumentó), etcétera. El caso es que en vez de estrenar en julio, estrenamos en octubre. Pero en fin, si estas fueran las últimas molestias que me iba a causar la Susana, las daría de barato. Dos años después de estos sucesos, una compañía de jóvenes incautos montó la obra y me invitó a un coctel después del estreno; yo, incauto también, fui con mis amigos. ¡Dios mío, qué amargura! El padre de la joven (que por cierto era muy fea) que hacía la Susana, entró en escena exabrupto con la mejor intención de llevarse a su hija, que estaba “prostituyéndose en las tablas”. Luego, en 1959, me invitaron a Culiacán a presenciar el estreno de la misma obra. Yo no hubiera aceptado la invitación de no haber estado tan mal de dinero; pero cuando recibí los pasajes de avión, compré mi boleto en camión y me guardé como trescientos pesos. En Culiacán me instalaron en un hotel elegantísimo. El día del estreno, me puse mi mejor ropa, me fui caminando y llegué derritiéndome al teatro. Me sentaron entre el rector de la Universidad y el jefe de la Zona Militar, y luego salí a dar las gracias como si saliera de una ducha. De ahora en adelante, el que quisiera poner la Susana, que la ponga, pero por favor que no me invite. 4. ¿Qué consejos daría yo a los jóvenes dramaturgos? Respuesta: a) Nunca ir al teatro. b) Nunca ir al cine. c) Nunca encender el radio, ni la TV. d) No poner un pie en la provincia. e) Quemar el Bernal Díaz. f) No tener trato con actores, directores, ni productores. g) Hacer un matrimonio ventajoso. h) Hablar poco. i) Escribir menos. j) Renunciar a toda ambición de llegar a ser Secretario de Educación Pública, embajador de México en Guatemala o gerente de la CEIMSA. k) Nunca discutir con la Elite.
(Publicado en la Revista de la UNAM a principio de los años sesenta)

lunes, 11 de agosto de 2008

Para documentar la estupidez humana IV. Los celos


¡Sangre, Yago, sangre! Clama fuera de sus casillas Otelo al convencerse de que la pérfida Desdémona sostiene una relación con el despistado Casio, para acto seguido proceder a limpiar con sangre su mancillado honor en una de las más famosas tragedias de don William Shakespeare, la cual no hubiera pertenecido a este género si el famoso moro hubiera prestado oídos sordos al gandul Yago o en último caso se hubiese puesto a investigar que de cierto había en el cuento de que la esposa veía a su teniente como algo más que otro soldado.
Los celos pues quedaron así inmortalizados desde el siglo XVII como una rotunda estupidez que sin embargo hasta nuestros días es vista por quienes tienen tan bajo sentimiento como motivo de orgullo “yo soy como Otelo, por eso mi vieja me respeta”, o en el peor de los casos "yo creo que mi gordo ya no me quiere porque ya no me cela".
Hay que aclarar que de acuerdo a la terapia racional emotiva hay dos tipos de celos: el moderado, que es el sentimiento del común de los mortales, molesto pero tolerable. El otro es el patológico, que pensándolo bien es más común que el anterior para la media de humanos, pues es donde entran los elementos dramáticos del asunto; inseguridad, auto-compasión, hostilidad, depresión, etc. Es decir, el mero material para novelas, películas, obras de teatro e interpretaciones diversas. Yo le pondría una tercera tipología que llamaría natural y que, bueno, sería la lógica reacción cuando frente a nuestros propios ojos la pareja esté felizmente puliendo nuestra cornamenta, pues en estos casos no reaccionar más bien obedecería a otras causas que pueden ser autismo, desinterés o incluso hasta alivio cuando el cornúpeto en cuestión buscaba la manera de cambiar de aires y no había encontrado pretexto.
Digamos pues que la moderada y la natural son como ronchas naturales y es la patológica la que sirve como ejemplo de la innegable estupidez humana.
El rudimentario sentido de la propiedad privada, aunado al dudosamente honroso machismo mexicano han hecho que gracias a la educación de papi y mami (trasmitida a ellos por sus padres y así sucesivamente) pensemos que iniciar una relación sentimental es adquirir contrato de propiedad de un objeto (pensando así, digamos que el noviazgo es como un alquiler) y por ende podemos disponer de este como mejor nos plazca y endilgarle de inmediato el sentido de dependencia mutante (es decir, el que la educación machista ha logrado, no la natural y moderada hacia nuestros seres queridos) y extender como enredadera una serie de ramas para amarrar al objeto (no voy a usar el término de pareja) y protegerlo no de que algo malo le pueda suceder, sino de que alguien pretenda arrebatárnoslo y ¡Oh, desgracia fatal! Quedemos a merced del destino en este valle de lágrimas, señalados por la sociedad que nuestra espalda dirá “miren, allá va el cornudo”, cuando lo que deberían de decir si el mundo fuera bueno sería “ese de allá es re trucha para las muchachas”.
Tan arraigado se encuentra este sentido que cuando en las noticias vemos que alguien mató por celos a su esposa el pensamiento común es “qué bueno, por güila”, y si después de eso el tipo se colgó por despecho se le agrega el “pobrecito, ¡pues cómo sufría!”. En la pieza de Shakespeare como espectadores sabemos que todo es una farsa preparada por Yago que funciona por el cretinismo de Otelo, el cual sustenta la veracidad del engaño en lo que el compadre le dice y el hecho estúpido de un pañuelo plantado en el cuarto de Casio ¿Qué vio? Nada en realidad, por eso nos ponemos del lado de la pobre mujer, en cambio la vida real nos muestra que siempre el celoso ajusticiador es el de la razón.
Por eso en verdad os digo que siento lástima por esas criaturas inferiores cuya capacidad mental se encuentra tan terriblemente atrofiada. Y no es baño de pureza, todos hemos pasado por esto alguna vez, hay quienes disponen de una capacidad neuronal para superarlo, otros no y en tanto seguirán siendo material para recrearnos con los dramones lacrimógenos de sus edípicos procederes. Yo en tanto voy a ver que diablos hace mi vieja, que hace media hora no se reporta.

viernes, 18 de julio de 2008

Homenaje a Ibargüengoitia I


El pasado 22 de enero el Maestro (así, con mayúscula) Jorge Ibagüengoitia hubiese apagado 80 velas en su pastel de cumpleaños, en cambio, el 26 de noviembre siguiente recordaremos con pesar el vigésimo quinto aniversario del funesto día en que se le ocurrió tomar un avión que habría de desplomarse en Madrid. Como ambas fechas son dignas de ser recordadas en el calendario de efemérides nacionales, mi homenaje personal será recordarlo mes con mes hasta noviembre difundiendo textos de su pluma, en esta ocasión comienzo con uno tomado de Instrucciones para vivir en México, compilación que hiciera Guillermo Sheridan de los artículos que publicaba don Jorge en Excelsior, muestra de su inigualable e irrepetible talento.


Malos Hábitos
Levantarse temprano

El viernes pasado encontré en Revista de Revistas un artículo escrito por mi buen amigo Loubet que es una especie de oda a los que se levantan temprano. Además de bien escrito está bien ilustrado. Allí aparecen los panaderos, los lecheros, los barrenderos, los que van a hacer ejercicio en Chapultepec, los niños que piden aventón para llegar a clase de siete, etcétera. Esta lectura, unida a la circunstancia de que hoy tuve que levantarme a las cinco de la mañana, me han hecho recapacitar y llegar a la conclusión de que francamente, levantarse temprano no sólo es muy desagradable, sino completamente idiota. Ahora comprendo que los últimos veinte años los he pasado en un mundo dado a la molicie. —Paso por ti cuando reviente el alba. Es decir, a las nueve y media de la mañana —dicen mis amigos. Pues sí, un mundo dado a la molicie del que no pienso salir. Los efectos de madrugar son de muchas índoles, pero todos ellos corrosivos de la personalidad. Hay quien se levanta temprano a fuerzas, se para frente al espejo a bostezar y a arreglarse el cabello y la cara con el objeto de dar la impresión de que se lavó. Este intento generalmente es patético. Si alcanza lugar sentado en el camión que lo lleva al trabajo se duerme sobre el hombro del vecino, desayuna en la esquina del lugar donde trabaja unos tamales, o bien dos huevos crudos metidos en jugo de naranja -que es una mezcla que produce cáncer en el intestino delgado- pasa la mañana sintiéndose infeliz, trabajando un poquito y quitándose las lagañas; se va de bruces en el camión de regreso, a las seis de la tarde. Los que se levantan temprano a fuerzas constituyen un grupo social de descontentos, en donde se gestarían revoluciones si sus miembros no tuvieran la tendencia a quedarse dormidos con cualquier pretexto y en cualquier postura. En vez de revolucionar, gruñen y dicen que el destino les hizo trampa. Los que madrugan por gusto son peores. —Yo siento que la cama materialmente me avienta a las cinco de la mañana. —Mal veo despuntar el sol, brinco de la cama, abro la ventana y pregunto “¿solecito, solecito, qué quieres de mí hoy?” —Cuando me estoy rasurando oigo el canto del primer jilguero, después, un regaderazo con agua helada, me seco con una toalla especial de ixtle para que me abra el poro, y por último mi té de boldo. Quedo como nuevo. Esta clase de gente tiene la costumbre de salir a la calle de noche y caminar con paso vivaz por el centro del asfalto —le temen a la banqueta, porque creen que hay gente agazapada en los zaguanes, lista para asaltarlos; no se dan cuenta de que los asaltantes están dormidos a esa hora— dejan a su paso una estela de agua de Colonia o talco desodorante que queda flotando en el ambiente hasta que pasa el primer autobús. Van a misa de cinco, a la Adoración Nocturna, a hacer ejercicio, a pasear un perro desmañanado, o, peor todavía, a despertar al velador del edificio para que les abra el despacho. Son por lo general, gente de dinero y creen que la fortuna que tienen se las concedió Dios nomás por el gusto que le da verlos levantarse temprano. Aconsejan esta práctica saludable a todo el que encuentran -en realidad no tienen otro tema de conversación, inventarían refranes si pudieran, como no pueden, repiten el consabido de “al que madruga, Dios le ayuda”, que es una afirmación que carece de fundamento histórico. Esta clase de personajes también tiene la tendencia a obligar niños a que les piquen la panza con el dedo. —Mira niño, es como de fierro. Aprende: estoy así porque me levanto temprano. Tengo sesenta años y mírame. Llegan a los sesenta como jóvenes, dando brinquitos y mueren de sesenta y uno, víctimas de una trombosis cuádruple. Los que inventaron que es bueno levantarse temprano son los que determinaron que los turnos de trabajo cambien rayando el sol, que los fusilamientos de lleven a cabo al amanecer, que se reparta la leche al alba, que no se permita la entrada de carga después de las siete de la mañana, etcétera. En resumen son los únicos responsables de que la ciudad empiece a funcionar a una hora de la que nada bueno puede esperarse. (18-vii-72)

domingo, 20 de abril de 2008

La lucha ¿por el petróleo?


La toma de las tribunas del Senado y la C��mara de diputados por parte de legisladores del FAP como parte de las acciones para detener la posible aprobaci��n de la propuesta de reforma energ��tica enviada por la presidencia de la Rep��blica ha tenido una serie de reacciones en el pa��s, de manera que se ha vuelto un tema central en el debate p��blico y le ha dado nuevos br��os a la alica��da imagen p��blica de Andr��s Manuel L��pez Obrador, sobre todo por la manera en que se ha manejado el caso a trav��s de los medios de comunicaci��n, que va del linchamento neur��tico de las televisoras nacionales al servilismo de La Jornada, con esta acci��n se di�� inicio a la discusi��n de lo que ser�� probablemente el tema m��s ��lgido en el pa��s en muchos a��os. Por eso me llama la atenci��n este art��culo de Jorge Zepeda Patterson, donde presenta algunos puntos y antes que hacer un juicio severo parece proponer un an��lisis m��s objetivo a los lectores.

Ya que comenz�� el debate entre nuestros supuestos representantes, creo que es importante conocer y compartir lo que pensamos los ciudadanos de a pie, esos que con nuestra erogaci��n de impuestos mantenemos a los tipos que deciden lo que se hace en el pa��s.
El art��culo est�� tomado de la edici��n online de El Universal y pueden verlo aqu�� en su contexto original.

��Qu�� hacemos con L��pez Obrador?

Jorge Zepeda Patterson

20 de abril de 2008


Ciertamente no es Hitler o Mussolini, pero es sorprendente la capacidad que tiene L��pez Obrador para provocar ronchas a muchos ciudadanos, particularmente entre los sectores conservadores. Una y otra vez reaccionan de tal manera que terminan por vigorizar la figura p��blica de El Peje.
El spot de televisi��n transmitido en horario triple A en que se le compara a Victoriano Huerta, Pinochet y similar cala��a por haber ordenado tomar el sal��n de sesiones de la C��mara, es tan desproporcionado y abusivo que ha resultado contraproducente. Para El Peje ha sido oro molido, pues confirma la noci��n de que existe una suerte de conspiraci��n de odio en su contra. De verdugo del Congreso ha pasado a ser v��ctima de la derecha todopoderosa.
No coincido con varias decisiones de L��pez Obrador y me parece que su estilo de liderazgo deja mucho que desear. Pero estoy convencido de que AMLO y las causas que representa son absolutamente indispensables para la salud de la Rep��blica. Cada vez que el tabasque��o habla en contra de las instituciones y convoca a la movilizaci��n, una legi��n de analistas y comentaristas se queja de su irresponsabilidad y primitivismo pol��tico. Como si se tratase de una anomal��a trasnochada en una sociedad democr��tica. ���Hay problemas pero estos deben resolverse mediante el di��logo���, se dice; ���los bloqueos y tomas de instituciones no caben en una sociedad con estado de derecho���, se afirma, con la convicci��n que s��lo podr��a tener un alem��n o un sueco.
El problema es que no vivimos en un estado de derecho, ni los problemas se resuelven con el di��logo, salvo que usted pertenezca al 20% de la poblaci��n de mayores ingresos. Todos los d��as miles de mexicanos humildes son v��ctimas de tribunales y autoridades que operan a favor del poderoso o del que ofrece m��s. H��blenle del estado de derecho a Lydia Cacho, a las v��ctimas de Ulises Ruiz en Oaxaca, a los campesinos que suplican a un funcionario que ya vendi�� su caso. M��s que un Estado de Derecho lo que padecemos es ���el derecho al Estado��� del que gozan algunos sectores privilegiados. ��C��mo podemos hablar de ���someterse al imperio de la ley��� cuando los que se enriquecieron con el Fobaproa, el mayor robo en la historia de la naci��n, lo hicieron legalmente?
La reforma energ��tica ofrece el mejor ejemplo. Si L��pez Obrador y sus contingentes no hubieran irrumpido con sus sudores y malas maneras (cito a un cr��tico) la reforma habr��a sido acordada entre futuros beneficiarios, funcionarios federales y legisladores pri��stas. Fueron los gritos y sombrerazos, las denuncias fundadas e infundadas de El Peje, lo que oblig�� a definir esta reforma en un espacio verdaderamente p��blico.
No s�� si al final de todo esto tendremos una buena reforma, pero estoy convencido de que ser�� mejor de la que podr��a haberse firmado tras bambalinas. En todo caso habr�� de ser m��s representativa del sentimiento de la comunidad en su conjunto y mucho menos cupular de la que ten��an cocinada. ��Qu�� no trata de eso la democracia? Desde luego, los m��todos de AMLO no son democr��ticos, pero son comprensibles si consideramos que los acuerdos ���democr��ticos��� son los que tienen que pasar y ser resueltos por Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa a partir de los intereses muy poco democr��ticos que ellos representan.
Insisto en que los mexicanos tenemos todo el derecho de desconfiar de la apertura al capital privado, habida cuenta de la cantidad de abusos que han generado privatizaciones y concesiones en el pasado. Eso no significa que debamos satanizarlas per se. Podr��an ser la ��nica soluci��n para el quebranto energ��tico que se avecina. Pero el Estado mexicano hasta ahora ha sido incapaz de impedir los excesos y abusos de los grupos privilegiados cada vez que ha abierto al mercado ��mbitos de la esfera p��blica. No es posible encarar la apertura de Pemex sin antes agotar la discusi��n de las maneras en que habremos de asegurarnos de que no se multipliquen los Carlos Slim o Roberto Hern��ndez, o peor a��n, los Bribiescas. Que tome 50 d��as o 100 ventilar estos asuntos es irrelevante si consideramos lo mucho que est�� en juego.
Es desagradable ver a los perredistas convertir la tribuna m��xima en un tianguis. Pero, bien mirado, es un costo menor si ello oblig�� a examinar con atenci��n el futuro del petr��leo, nada m��s y nada menos que el mayor patrimonio de este pa��s.
Hay un linchamiento medi��tico de L��pez Obrador que muchos est��n ���comprando���. Algunos se preguntan qu�� hacer con esta piedra en el zapato que constituye su movimiento. Yo dir��a que pese a su ret��rica y su populismo, L��pez Obrador es imprescindible. No empareja el marcador pero impide la goliza. Lo peor que podemos hacer es pretender que la inconformidad social no existe. ��Nos parecen de mal gusto sus expresiones? ��Y de qu�� gusto son las inequidades e injusticias que padece la mitad m��s pobre del pa��s? ��Qu�� cre��amos, que iban a votar cada seis a��os y sentarse a esperar a que llegue un empleo, un abogado honesto o un programa de gobierno?
L��pez Obrador no representa a los verdaderos pobres del pa��s, se dice con frecuencia. Quiz��. Pero canaliza la irritaci��n que entre muchos mexicanos genera esa pobreza. Su desconfianza hacia la apertura al capital privado es la desconfianza de muchos. Antes de lincharlo y repudiar sus m��todos habr��a que escuchar lo que nos est�� tratando de decir esa rep��blica olvidada que intenta hacerse presente.

viernes, 28 de marzo de 2008

Para documentar la estupidez humana III: Ser flaco



En algún momento a fines del siglo XX la vida perdió toda emoción. El desarrollo tecnológico alcanzó un nivel similar a la capacidad de razonamiento y luego despegó a gran velocidad dejando a este muy atrás, de una manera que Orwell no hubiera podido siquiera imaginar. Entre la marisma residual a este acontecimiento, la pérdida voluntaria del placer es una de las cosas más inexplicablemente absurdas que hayan sido concebidas.
En particular, en los días que corren –y al parecer así seguirá siendo por un buen tiempo- hay una prohibición mental socialmente aceptada para comer lo que a uno le venga en gana; la defenestración del planeta nos ha llevado a no poder comprar una simple fresa si antes no revisamos su procedencia, cantidad de calorías, carbohidratos, si es natural o transgénica y casi deseáramos que viniera con currículum integrado, en lugar de tomar en cuenta su color, aroma, grado de madurez y tamaño, que son las cosas que en realidad se disfrutan.
En una sociedad aséptica y obsesiva como la nuestra un plato de enchiladas acompañadas de una pieza de pollo frito con la piel doradita, mucha crema y salsa picante es considerado nocivo, prófugo de la justicia, casi un atentado contra natura y sobre todo, muy por debajo de un plato miserable e insípido pero bajo en calorías. Tal tendencia, que es la verdadera prófuga de la razón, se concreta y vuelve dogma por dos vertientes principales: la de la idea de que todo es potencialmente nocivo para la salud y en particular por la tiranía idiota de la moda, que nos dice que todo aquel que pase un kilo de su peso “normal” es un panzón irredento que no merece pertenecer a nuestra bonita comunidad de flacos anabólicos y flacas lollypops (o sea como paletas, un palo con una cabezota).
Recuerdo que mi abuela comía huevo por lo menos dos veces al día –si no preparaba algún delicioso platillo capeado, porque entonces la cuenta subía- y en la vida tuvo que preocuparse por el colesterol; tengo conocidos que siguen puntualmente todo lo contrario a lo que dictan los nutriólogos y siguen sanos, e incluso un servidor cuenta con largo historial de gourmet callejero, lo cual nunca me ha provocado daño alguno y por el contrario me ha creado lo que en el ámbito tragonil se llama “panza de chivo”, es decir un estómago acorazado de anticuerpos que lo mismo aguanta comida largamente refrigerada que unos tacos fuera de la más tenebrosa estación del metro sin mácula alguna. Sí, es cierto, la contaminación y el uso de productos químicos en los sembradíos y para engorda de animales ha reducido considerablemente la calidad de nuestros alimentos y repercutido en su sabor -baste recordar las frutas gringas, grandotas y llenas de color, pero insípidas como el demonio-, pero también lo es que aún podemos disfrutar cualquier tipo de alimento sin temor teniendo sólo un poco de cuidado y con nuestra marchanta de confianza.
Las dietas, una necesidad creada a partir de la moda anteriormente mencionada, me parecen absurdas salvo en los casos en que de ellas depende la salud, fuera de eso, lo bonito es ser tragón y no negarlo, digo, dichosos aquellos que pueden comer hasta hartarse, quien como ellos que puede hacerlo. Entonces, ¿por qué negarlo? Ni modo que por solidaridad con la parte de la humanidad que padece hambruna, no existen casos así. Por ello me da risa cuando veo a un persona a dieta babeando frente a un trozo de pastel de chocolate con betún de chantilly y una cereza coronando, y no tengo en reparo en pensar que bien merecida tienen la muerte aquellos que fallecen de anorexia, ambas cosas me parecen actos aberrantes de egolatría, una concepción torcida de estética y completa falta de respeto a sí mismo.
¿Donde quedarían -¡Oh dios!- Aquellas jamonas legendarias de nuestro cine, que no se volvían neuróticas por tener gruesos chamorros y moverlos con alegría?

Addenda:
Si, ya se que algunos que me conocen alegarán que digo esto porque estoy flaco a pesar de la manera en que como, pero les recuerdo que mi llanta de bicicleta tiende ya a parecer salvavidas integrado.

viernes, 21 de diciembre de 2007

¡Ah, la navidad!


Las calles están atestadas de gente que no piensa más que en sí misma y si te chocan te voltean a ver feo; en las tiendas nadie duda para meterse alevósamente en la fila para pagar o de soltar unos cuantos codazos para hacer desistir a uno del artículo en rebaja que pensaba comprar; en los estacionamientos, más que de costumbre, cuando apenas se va a echar uno en reversa, ya hay un gandalla que se metió en el lugar donde pensábamos aparcarnos y todavía voltea a vernos con cara de “a ver, dime algo”; las carreteras son un terreno en extremo peligroso porque a nadie le importa nada que esté fuera de los límites de su propio auto; las posadas son otro invento católico que sirve para todo menos para lo que fue creado, son celebraciones de los excesos, pero eso si, todos se siguen creyendo muy fieles; se engaña a los niños forzándolos a portarse bien –que no es más que obligarlos a obedecer nuestras instrucciones por absurdas o injustas que sean- a cambio de que “llegue Santa Claus”, lo cual no puede ser si no calificado como soborno y un infame atentado contra el libre albedrío de la niñez; los villancicos son en conjunto algunas de las composiciones musicales más cursis y aberrantes que se hayan escrito (y peor si son reinterberreadas por Tatiana) y el ambiente se llena de un amor más falso que las buenas intenciones de un diputado. Entonces, ¿qué tiene de bueno la navidad?
De pilón, lo que se supone se festeja -el nacimiento de Jesús, el guía espiritual del cristianismo-, parece ser una falacia pues de acuerdo a algunos historiadores el natalicio en realidad se dio en la primavera y el hecho de que se celebre el 25 de diciembre tiene que ver con los ritos de diferentes culturas hacia los dioses de la fertilidad y del sol, y en esa fecha específica coincide con la celebración del nacimiento del dios romano Apolo.
En fin, queda claro que absolutamente cualquier pretexto es bueno para organizar fiestas y tirarnos al consumismo, y mientras eso suceda, quienes controlan la economía promoverán ávidamente la felicidad navideña enfundados en un ridículo traje rojo.
Ho ho ho ho.

Ah, y por cierto: Felices fiestas.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Para documentar la estupidez humana II: Pasión Futbolera




Me encanta el futbol. Es un deporte que me agrada por un montón de circunstancias que van desde la consabida y cínica oportunidad de juntarse a libar con los cuates que representa, hasta por pedante interés sociológico. El Caso es que me gusta y lo disfruto, sufría igual que un montón de gente cuando el Club San Luis estaba a punto del descenso e igualmente me despatarré de emoción cuando se salvó. O cuando ganó el mundial la Selección Sub 17, a la que nunca antes había puesto atención; en sí me gusta el juego y me interesan las reacciones que provoca, como la condena inquisitorial que me señala con dedo flamígero cuando se me ocurre decir que le voy a las Chivas pero por patriotismo también al San Luis y me gusta como juega el Necaxa.
Si a estas alturas ya está usted organizando una brigada para quemarme en leña verde por farolón mejor deje la lectura, aspire sales aromáticas y relájese con algo más agradable, digo, por mi propia seguridad.
La necesidad de identificarse con algo es parte de las muchas cosas que no entiendo de la naturaleza humana y que en todo caso relaciono con una debilidad más de la especie, siempre proclive a esperar de los otros la protección que la soledad no brinda, pese a que la otredad también sea una de las mayores fobias humanas. En ese sentido creo que el vivir la vida de acuerdo a como va nuestro equipo en la tabla general es una simpática patología que curiosamente es aceptada e incluso digna de admiración: para los cuates de la cuadra el señor que tiene su casa pintada azulcrema, muebles con grandes aguilas de adorno, fotos con todas las alineaciones del América y sus hijos se llaman Kalusha, Zaguinho y Cuauhtémoc, puede resultar por este hecho mucho más respetable que el médico de la esquina, simplemente porque lo del doctor es chamba y lo del otro es envidiable pasión, así de sencillo.
Y doblemente curioso porque al parecer, el futbol es el único deporte que levanta tales ardores, digo, no he escuchado de algún caso en que los seguidores del Perro Aguayo hayan golpeado hasta la inconciencia a algún seguidor del Místico nomás por llevarles la contra, o que los aficionados de los Diablos Rojos de México se enfrasquen en una batalla campal contra los de los Tigres, mucho menos que cuando algún mexicano gane la maratón de Nueva York la ciudad de México se detenga por la multitudinaria celebración en el Ángel de la Independencia. ¿Qué pasa entonces, por qué ese nivel de apasionamiento? La respuesta, sin duda, está muy lejos de nosotros.
Hay un dejo de militarismo bobo en el hecho, todos los aficionados nos hemos sentido alguna vez parte de una legión de guerreros (y más cuando la televisión nos indica que así debe de ser), cuya obligación es apoyar desde la tribuna, la sala de la casa o la mesa del bar, la actuación de los once héroes que habrán de redimirnos, hay momentos en que quisiéramos formar parte de las líneas y ofrecer nuestro propio cuerpo en sacrificio con tal de rescatar de mínimo el empate; en el estadio, las tribunas son dos bandos enardecidos que azuzan al general (que siempre anda extraviado, de acuerdo a la perspectiva del experimentado aficionado), a hacer el cambio, subir las líneas, retrasar la defensa, todo lo indispensable que no está haciendo para no salir del estadio con el vergonzoso estigma de haber perdido.
Tiene su lado bueno el asunto, es sabido que cuando un equipo está a punto de descender de a cuerdo a su record en la tabla porcentual, aumenta notablemente el interés por las matemáticas por parte del aficionado, que por esos días es capaz de explicar complejos algoritmos; se incrementa la capacidad de prospectiva a partir de media temporada, cuando existen 100 combinaciones distintas de rumbo que puede tomar el equipo para llegar a la liguilla, pasarla sin pena y llegar a la final; viene un saludable aumento de agnosticismo entre la población cuando el equipo de casa es eliminado, con lo que se favorece el pensamiento científico por encima de la silvestre religiosidad y sobre todo, la economía se ve notablemente estimulada en los rubros de cervecería, botanas y ultramarinos y servicios de restaurante (cuando el juego es comprado por las aves de rapiña de Sky).
Por eso, cuando me emociono viendo partidos que no corresponden al único equipo que debo y es obligación seguir (varia de acuerdo a con quien lo esté viendo), me da una especie de ternura condescendiente cuando el acusador en turno me lanza miradas desaprobatorias y me llama por lo bajo chaquetero.


jueves, 30 de agosto de 2007

Para documentar la estupidez humana I: Del tráfico y los conductores



He aprendido a conducir demasiado tarde en mi vida. Siempre he sido un buen copiloto, pero como en realidad nunca me hab��a visto en la necesidad de tener un veh��culo, aprender a manejarlo me parec��a irrelevante. En esos largos a��os sentado al lado de conductores predominantemente buenos, pod��a percibir que la estupidez aflora de manera particular en la mayor parte de quienes se sientan tras el volante, como si la acci��n mec��nica de conducir ���manejar, m��s bien- absorbiera una carga neuronal tal que el resto de las capacidades se viera irremisiblemente afectada.
Sin embargo, ahora que manejo percibo con mayor claridad lo alarmante de este hecho, la aventura cuasi mort��fera que implica el abordar un autom��vil y hacerlo andar por los vertederos del tr��fico; de pronto me siento como un investigador submarino explorando las fosas abisales, descubriendo en cada momento seres monstruosos que ni en los d��as m��s pachecos de su vida hubiera podido Lovecraft imaginar.
Prueba irrefutable de la estupidez humana es la miserable sensaci��n de poder que experimenta un alto porcentaje de conductores, misma que los lleva a sentirse due��os de las calles y ver al resto de los seres ���tanto de a pie como tripulantes de cualquier transporte m��vil- como sus inferiores o bien como un enemigo al que hay que destruir por medio del rebase, el cerr��n, el uso a discreci��n del cl��xon y una variante floread��sima ���aqu�� si hay que reconocer ingenio- de insultos antimaternales. La triste realidad nos ense��a que ante la incapacidad de imponerse con las armas de la pura inteligencia, el humano requiere de poseer una m��quina rodante para desfogar sus frustraciones cotidianas. Y no, ni James Dean se salva por haber demostrado su ���hombr��a��� compitiendo en un ���chicken run��� en Rebelde sin causa.
Otra prueba contundente la representan los topes. Paco Ignacio Taibo II mencion�� en un libro la ���cantidad de hijosdelachingada per c��pita���, la cual deber��a ser considerada seriamente como unidad de medida, misma que puede ser calculada mediante una ecuaci��n matem��tica mucho m��s sencilla que la conversi��n de yarda a metro. De esta manera, al circular por una colonia, podemos apreciar el volumen de estos especimenes en funci��n del n��mero de topes que se pueden contabilizar en una calle. Y es que los topes son una invenci��n dirigida a regular mediante el castigo las acciones irresponsables de los conductores, en un mundo libre de estupidez, la gente sabr��a que hay que reducir la velocidad cuando circula cerca de una escuela, un hospital, un ��rea de juegos infantiles o ya de plano ser��a consciente de que en un ��rea habitacional, 30 km/hora es una velocidad aceptable, sin embargo la simple idea de una sociedad as�� hubiera doblado de risa al mism��simo Tom��s Moro, quien si se la hubieran propuesto para su ���Utop��a���, hubiera desechado por falaz e inaudita.
Definitivamente no me considero un conductor experto, a��n soy novicio y por ende la marca de mi paso por las calles ya ha sido constatada por algunas banquetas y el carro del vecino (no se nota, ustedes no digan nada), estas apreciaciones son parte de un ejercicio mental que practico en ocasiones mientras transito o espero el siga en un sem��foro, hasta que este cambia a verde y a la d��cima de segundo posterior, el chofer del carro de atr��s me vuelve a la realidad a punta de claxonazos.

Posdata:
Los choferes del transporte p��blico no fueron incluidos en estas reflexiones sobre la estupidez humana porque simplemente a alguien se le olvid�� apartarles lugar en la cadena evolutiva y apenas califican como sahelantropus tchadiensis.*





* la definici��n de sahelantropus tchadiensis la puede encontrar en cualquier enciclopedia o alg��n libro sobre la evoluci��n humana, no espere a que todo se lo resuelvan f��cilmente, caramba.

viernes, 6 de julio de 2007

Maravilla mexicana

La competencia para ���convertir��� a Chichen Itza en una de las ���nuevas siete maravillas del mundo��� me pareci�� desde inicio algo ocioso y sin sentido, es como cuando los ni��os se enfrentan diciendo ���a que mi pap�� es m��s fuerte que el tuyo���, digo, finalmente, maravillas realizadas por la mano del hombre ���ya no digamos de las naturales- afortunadamente a��n hay tantas que faltar��a vida para conocerlas y nos queda a��n tiempo para destruirlas.
Hay sin embargo, algo de M��xico que considero debiera promocionarse como atractivo principal, por encima del mariachi, las playas, los vestigios arqueol��gicos y coloniales: el humor involuntario de nuestra vida pol��tica. Si, ya se que habr�� quien despu��s de leer esa idea ya est�� alegando que merced a la baja capacidad intelectual mezclada con la mezquina ambici��n inherente a su ser, todo pol��tico del planeta es proclive al humor involuntario, sin embargo M��xico, con todo y que Bush trate de agendarse solito el primer puesto (���El problema de los franceses es que no tienen una palabra para
entrepreneur���, ���No es la contaminaci��n la que amenaza el medio ambiente, sino la impureza del aire y del agua��� y otras frases c��lebres), debe ser considerado como el mayor generador de incoherencias de este lado de la galaxia.
La cereza en el pastel la ha puesto Zhenli Ye Gon, eufem��sticamente llamado connacional, (aunque en realidad es nativo de la China y nacionalizado mexicano) y presunto rey de las anfetaminas que nom��s es seguido por la ley por tener bajo su colch��n la m��dica cantidad de 205 millones de d��lares m��s algunos cuantos milloncitos de pesos para dar propinas a la muchacha.
El connacional Ye Gon, como bien deben saber ustedes y estar hasta el copete de leerlo y o��rlo, tuvo el valor c��vico de denunciar un oscuro complot en su contra, personificado principalmente por el actual secretario del trabajo, Javier Lozano Alarc��n, quien tuvo el descaro de amenazar al noble empresario con una frase inscrita ya con letras de oro en nuestro prontuario de an��cdotas patrias: ���Coopela o cuello���.
Despu��s de dejar de re��rme el d��a que se dio a conocer la nota (coincidentemente el 2 de julio, cuando los panistas celebraban su habilidad matem��tica para hacerse de nueva cuenta con la presidencia), pens�� que este pa��s es maravilloso. En serio, seguido le aconsejo a quienes conozco que no pierdan el tiempo con telenovelas baratas, realitys absurdos e infames programas de espect��culos, pues para divertirse y entretenerse, nada mejor que nuestra realidad pol��tica, lo malo es que el prejuicio les hace pensar que los diarios y noticiarios son efectivos somn��feros (bueno, algo hay de eso, pero lo que importa es escuchar a los hombres ���y mujeres- que hacen d��a a d��a la patria). Y es que no tengo registro de que antes en otro pa��s, ni siquiera en los que ya aceptaron abiertamente estar infestados por el narco, se haya dado el caso de que la respuesta a la persecuci��n de los capos se de en el plano pol��tico en lugar de las armas, no es que piense que as�� deba de ser, s��lo que es m��s l��gico que sea as�� y no que se de pie a la confusi��n y la risa loca.
Bueno, se dec��a que Caro Quintero ofrec��a pagar la deuda externa de M��xico con tal de que lo dejaran libre y seguir trabajando sus tierritas, pero no se compara con la inmortal frase emitida por el chinito connacional, que viene a sumarse a frases y an��cdotas que ameritan que nuestro pa��s sea conocido por el (sin)sentido humor��stico de su clase pol��tica: ��Qui��n no recuerda con una sonrisa la famosa roquese��al?, ��o al inefable doctor Zedillo pidi��ndole a la humilde ni��a que le estiraba la mano que se alivianara, porque no tra��a cash?, ��o al ex procurador Lozano Gracia haciendo tremenda labor de investigaci��n auxiliado por la m��dium ���Paca���?, ��o las amargas l��grimas de L��pez Portillo en su ��ltimo informe de gobierno?, ��o a Fox, un cl��sico en s�� mismo del humor involuntario y la pena ajena, ubicado -como sabiamente apunta el Doctor Creazy- apenas atr��s del Chavo del Ocho y cuya investidura fue plenamente se��alada por el buen Ro��as en aquella foto donde le corona un par de cuernos? Y bueno, dej��mosle hasta aqu�� si no esta entrada ser��a interminable.
Por lo pronto, creo que Ye Gon ha instituido la frase del a��o y una de las m��s graciosas de los ��ltimos tiempos, creo que lo m��s sano es verlo as��, pues si bien es tr��gico que la gente que hace como que gobierna ande en tan bajos niveles, lo peor que podemos hacer es indignarnos y perder la oportunidad de divertirnos, despu��s de todo, lo ��nico que podemos esperar de la clase pol��tica y dem��s bichos que se asoman a la opini��n p��blica es que no dejen de entretenernos.

yo


domingo, 9 de julio de 2006

Iguanodamus

Más efectivo que cualquier casa encuestadora, más acertado que muchos columnistas de prestigio, La Iguanomancia no sale de su asombro al descubrir que sus macabras profecías resultaron de alguna u otra manera ciertas, cabe señalar que los temas la mera verdad no daban mucho espacio a ser complejos para adivinar, pero de que la cartomancia (que como todos sabemos es el arte de adivinar por medio de la ingesta de varios cartones de cerveza. N.del E.) funciona; funciona, compruébelo por usted mismo:

Política.
Tal como se predijo, acabamos de concluir la campaña política más vulgar, sucia y despreciable de la historia de México, si alguien sabe más de 5 propuestas de alguno de los ex candidatos a la presidencia será porque es un clavadazo, porque lo que destacó, para mal, fueron los pleitos de comadre iniciados por la recalcitrante ultraderecha panista y continuados por la vetusta izquierda perredista.
Igual que Cárdenas en su momento, López Obrador ganó la elección en las urnas y la perdió en el organismo encargado de organizar y regular las elecciones. Y seguimos papando moscas.
En la de la mentada otra campaña medio falló el pronóstico, porque nadie se acordaba de ella desde principio de año y tuvo un relumbrón en abril, cuando el estúpido asunto de los floristas de Atenco fue utilizado por el desangelado subcomandante Marcos para colgarse de la bronca y convertirse por unos días en estrella de la televisión. Por cierto, en San Luis Potosí, los fans, groupies y devotos del fársico guerrillero se quedaron con las ganas de tomarse la foto con el RBD de la Selva Lacandona, pues su visita estaba programada por los días en que se desató la violencia en el estado de México y, obviamente, le iba a redituar más en imagen correr entonces a la capital que venir a saludar a sus seguidores potosinos.

Deportes.
En efecto, el Maestro Raúl Arias salvó del descenso al Real San Luis y hasta subcampeón lo hizo, desafortunadamente el buen ánimo no dio para hacer caso al resto de la predicción Iguanomanciera y hasta el momento no se ve que alguien planteé seriamente el proyecto de levantarle una estatua de enormes dimensiones a la entrada de la ciudad o de perdis afuera del estadio. Ni modo.
La Secreción Mexicana si pasó a la segunda ronda en el mundial, pero conste que no fue por méritos propios y mucho menos por valor en la cancha, que nunca mostraron los turistas que fueron a jugar a Alemania. Y Hugo Sánchez si se ha de haber reído ante la inmminente salida del nefasto Lavolpe (o Volpe, como diría el aún más nefasto Fox).

Cultura.
Pos si aún no se sabe ni quien es el próximo presidente, menos se sabrá quien vendrá a destrozar aún más al CONACULTA, sin embargo, y nomás pa’ documentar el pesimismo, les recuerdo que Felipe Calderón nunca sostuvo reunión alguna con intelectuales o artistas y nadie sabe del supuesto grupo de “intelectuales” que lo asesoraron, aunque si se conoce del apoyo que le ofrecieron destacados pensadores mexicanos como Chespirito y Juan José Origel.
Y en San Luis seguimos en las mismas, con festivalitos a manera de paliativos ante la carencia de un proyecto serio de cultura.

¿Ah verdad? A que se sorprendió. No lo niegue. A partir de mañana este tinterillo abrirá un consultorio esotérico con modalidad de botana bar para practicar el noble arte de la cartomancia.
¿Alguien se apunta?

martes, 27 de junio de 2006

Azuquitar en las barbas

Feliz cumpleaños, señor diputado- dijo mi esposa en tono de broma el día en que decidí, aunque a ella le pesara, serlo. La negociación con los perredistas se estaba abriendo de manera que a pesar que no había nada en claro todavía, las cartas en juego se acomodaban para poder colarme a una curul plurinominal participando en una coalición que llamamos, “Del Cambio Verdadero”. El mayor problema que enfrentaba entonces era Aurora, quien insistía en que mi carrera política no se extendiera más allá del estado, pues tenía el fuerte presentimiento de que en cuanto saliera iba a tener fuertes problemas.
-Anoche soñé que estabas en la Cámara respondiendo el informe del presidente- me contó más tarde, justo antes de apagar la vela del pastel que compró para festejar el día luego que regresara de la junta que ese día tenía pendiente.
-Pero no eras como ahora, tu piel se veía gris, y tu imagen como distante de todos los que te estaban oyendo, luego el presidente volteaba y te decía...
-Acepté- la interrumpí, tratando que no comenzara muy tarde una charla que con seguridad sería larga.
-Todavía falta que ganes algo con tanta carroñería que hay en la alianza, cariño- respondió con un toque irónico que acabó de convencerme que se alargaría esa discusión, cosa que comprobé cerca del amanecer del otro día.

-Ese ojete de Pacheco ya me dejó fuera- escuché decir a Mancera, del PFC a manera de comprobación de lo que unos segundos antes oí y mi incrédula felicidad no alcanzaba a comprender; la combinación de resultados en las urnas fue la necesaria para que me convirtiera en el primer diputado federal no panista o priísta en el estado.
Aurora se iba a enojar.

-El problema de la cultura es que sigue siendo no manejada por artistas, si no por administradores, que para eso han sido hasta ahora un poco bastantemente bien pendejos- me dijo el otro día Torrescano, mi asesor, para explicar el porqué no iba a proceder mi propuesta a la hora que se presentara a la Comisión de Cultura.
-Además, y con todo respeto, pero recuerde que hasta ahora no han prosperado sus iniciativas; mejor se debería aliar con alguna fracción, porque de otra manera no veo como podamos hacer algo que de perdido sea leído antes de rechazarse- agregó para acabar de recordarme que en el año que llevaba en la Cámara baja me habían rechazado sin leer propuestas para despenalizar el aborto y la marihuana, la consideración de los delitos de cuello blanco como alta traición a la patria y últimamente la aplicación de tasa cero tributaria a toda persona moral o física que se dedicara al arte; propuesta a la que hasta Aurora -que desde el día que tomé protesta adquirió un aire trágico-, negó posibilidades aduciendo que “primero te aprueban que una aborte mientras se fuma un churro, cariño”.

Por eso me pareció extraño que ese día me llamara a su despacho el “jefe” Diego, líder de la fracción del PAN en el Senado y al parecer también de la Cámara de Diputados, pues así se había asumido de facto luego que a fines del 2002, panistas y priístas acordaran dejar por la paz las investigaciones respecto al manejo ilícito de recursos de ambos partidos durante la campaña por la presidencia de la República del año 2000. Primero me explicó que si me negaba a la propuesta que me iba a hacer, él tendría que buscar “otra salida”, y cuando pensó que ya me había quedado suficientemente claro esto, pidió mi apoyo para una propuesta que al día siguiente presentaría el presidente Fox; donde señalaba que regresar a la tasa cero en derechos de autoría era prácticamente imposible, y a cambio ofrecía la creación de una comisión federal de publicaciones donde aquellos autores que aceptaran sujetarse al dictamen de un consejo editorial de gobierno, gozarían de la exención fiscal además del pago completo de una primer edición de veinte mil ejemplares, se vendieran estos o no. A cambio, me ofreció apoyo para llevar el debate sobre la despenalización de la marihuana (lo del aborto le parecía moralmente inaceptable) al estrado antes de terminar el siguiente periodo ordinario de sesiones, y de pasadita el pago de una compensación similar al sueldo que percibía en un semestre. Quedé pasmado. Acepté por salir del paso.

Exacto, lo que siguió fue el escándalo. La comunidad artística e intelectual terminó de satanizar al presidente y los legisladores; las protestas y acusaciones de pretender crear un aparato censor legal apoyados en las necesidades o pocos escrúpulos de algunos creadores proliferaron; el PRD fue el único partido que se negó de entrada a aceptar la propuesta; pero varias cuentas pendientes y elecciones presidenciales a menos de dos años de distancia los mantuvieron a raya.
A mi nadie me preguntaba.

La historia de las letras nos indica que no son complicados los imposibles, de una pedrada se vence a un gigante siempre y cuando a uno no lo de por atacar molinos de viento. Lo malo es que esto último es lo más atractivo del asunto.

La discusión del egreso para la creación del Consejo Editorial de la República –que fue su nombre final- venía en paquete con el rubro de cultura, un momento durante la votación del presupuesto federal que todo mundo aprovecha para salir por un café o ir al baño, por lo que iba a ser pasado de inmediato con voto unánime a favor, cuando pedí la palabra. Subí a la tribuna, aclaré la voz y entonces saqué de entre mis ropas una grabadora de mano, de la cual manaba la voz de Diego Fernández de Cevallos haciéndome el ofrecimiento que a esa hora probablemente también estaban escuchando los directivos de los medios de información a quienes les envié una copia; el habano del “jefe” cayó de su boca para dejar a descubierto su rostro trabado de odio y desconcierto. Supe, como el día de mi onomástico de algunos años atrás, que la noche sería larga.

La ocasión sirvió para pasar una navidad donde el presidente evadió todo contacto con periodistas y aprovechó su mensaje de año nuevo para arremeter en cadena nacional contra los medios, que nunca en su sexenio habían querido hablar de los logros de su gobierno, pero se regodeaban en los “pocos errores”. Diego cayó, pero en su terrible agonía de dinosaurio en exterminio se llevó muchas cabezas con sus últimos coletazos. El escándalo minó el valor del peso frente al dólar en un cuarenta por ciento; a mi me nombraron miembro de la mesa directiva de la Cámara baja y estuve quince días en todas las televisoras, radiodifusoras y espacios electrónicos posibles repitiendo la misma historia; después el país siguió consternado por la reciente renuncia del director técnico de la selección nacional de fútbol.

Pasaron unos meses y junto al país envejecí de manera sorprendente; casi no recordaba lo que pasó en esa sesión y la comunidad artística ya había vuelto a su natural antropofágia, es decir, regresó a la normalidad.
Tal vez por ello no me extrañó oír, cuando pasaba por ahí luego de escuchar su comparecencia; la respuesta que Gil Díaz, el secretario de Hacienda, daba a un grupo de reporteros amontonados a su alrededor, justo cuando decía que si no había oportunidad para los creadores en el país era a causa de mi negativa actitud, y por tanto mi completa culpa. Tampoco me extrañó que de entre el grupo, un reportero me apuntara de inmediato con su micrófono para preguntar que le respondía al secretario; mi respuesta fue natural, sin ira; -Dicho sea con respeto, señor secretario, tanto sus comentarios como su real estampa me los paso por los güevos, y mire que lo digo con estas palabras en primera para que me entienda y en segunda para que luego no se preste a malas interpretaciones y se piense que no era mi intención ofenderlo- y sin más, salí de la sala y me dirigí a casa, donde Aurora me espera desde hace dos años y tres meses, con la mesa lista para la cena.

viernes, 26 de mayo de 2006

Acciones de contrapropaganda iguanera

Consciente de la efectividad (o más bien en plan onda nostálgica) de las pintas como una de las pocas posibilidades de que las instituciones reciban de la gente mentadas públicas, así como con el ánimo de motivar el imaginario colectivo y generar un poco más de enrarecimiento al putrefacto ambiente electoral; La Iguanomancia se honra en presentar a continuación una lista de sugerencias para que pinte usted, querido lector, sobre la propaganda de los candidatos (recuerde, para permanecer en la onda nostálgica, de preferencia que sea con pintura vinílica a brochazo limpio, nada de méndigos aereosoles, por favor)

Para calderón:
Él tiene las manos limpias, pero no le vean las uñas
Tengo las manos limpias, ¡pero prometo que eso cambiará!
Mis parientes no harán negocio al amparo del poder... ya lo hicieron
Para que vivamos mejor... no votes por el PAN
Por una derecha sin restricciones, ¡Sieg Heil!

Para López Obrador:
¡Andrés Manuel es un peligro!... para la campaña de AMLO
Cumplir es mi fuerza... las encuestas no
Compromiso 51: Acabar con los salinistas... menos los que son cuates

Para Roberto Madrazo:
¡En serio, también soy candidato!
Andrés Manuel ya no mientas, de eso me encargo yo
Hundir más a México. Roberto si puede

lunes, 22 de mayo de 2006

¡PIRATAS AL GRITO DE GUERRA!

I.- (Muy) Breves antecedentes

Algo curioso sucede entre los cinéfilos; para empezar, se pueden dividir en dos bloques: el de los sesudos estudiosos que consideran al séptimo arte casi una religión; conocen a la perfección las reglas y técnicas del cine; se encuentran en una búsqueda constante y guardan celosamente su acervo particular. Del otro lado, se hayan los cinéfilos freaks, que consideran al séptimo arte casi una religión; conocen a la perfección las reglas y técnicas del cine; se encuentran en una búsqueda constante… y comparten sus películas.
La diferencia entre ambos lados -amén de lo que cada uno considera como una buena cinta-, ha definido una serie de prácticas de difusión fuera de lo legal, aunque éticamente la cuestión se complica.
Antes de la aparición del VHS, formar una colección de películas representaba un lujo, toda vez que las posibilidades para hacerlo requerían de equipo poco accesible para el ciudadano común, de tal manera que la aparición de las videocaseteras abrió la posibilidad de atesorar sus películas favoritas a miles de cinéfilos, aunque curiosamente la fiebre desde inicio fue más intensa entre aquellos que se deleitan con los sub géneros despreciados por la crítica “seria”, es decir, quienes disfrutan del gore, explotación, porno, ciencia ficción y anexas.
La implacable hambre de los cinéfilos heterodoxos creció a partir de entonces cual si de la mismísima Mancha Voraz se tratara y tuvo su despliegue definitivo con el Internet como herramienta fundamental para el intercambio de archivos a través de comunidades como Napster en sus inicios o las actuales Lime Wire y E-mule, donde es posible encontrar y compartir películas que de otra manera resultaría casi impensable poder conseguir, a menos que…

II.- Los bucaneros del bien

El Tianguis Cultural del Chopo pronto expandió su vocación del intercambio de discos de rock hacia las más variadas formas de expresión imaginables, el cine incluido, y dentro de este rubro destaca la legendaria figura de Juan Heladio, quien desde hace años se ha dedicado a generar y ampliar pasiones por el cine gracias a su propia convicción cinéfila para compartir con todo el que se le acerque, aparte de algunas de las (según dice la leyenda) alrededor de 15,000 películas de su colección, sabrosas conversaciones que pueden lo mismo versar acerca de la obra de Einsenstein que de lo más bizarro de John Waters o lo más reciente de los hermanos Pang.
Aunque resulte aventurado, se puede decir que por este personaje se han ampliado las redes de intercambio y ya en el mismo tianguis se pueden encontrar otros puestos dedicados al cine, como también sucede en Tepito y la Lagunilla o en el propio San Luis Potosí con Mr. Brown, el famoso Santi, en el tianguis de las vías.
Por gente como ellos se puede tener acceso al cine que se hace en países como Argentina, Chile, India, Alemania, Irán, Corea o Japón, sólo por mencionar los primeros que saltan a la mente. Sin la intervención de ellos es muy probable que la obra de cineastas como Patrice Leconte, Alexandro Jodorowsky o Takashi Miike fueran desconocidas en México y seguramente no se hubieran podido rescatar las cintas de Juan López Moctezuma del olvido.
¿Qué lo que hacen es comerciar con películas copiadas? Pues si, pero de otra manera, insisto, seguiría siendo muy complicado verlas. Las distribuidoras de cine y video en México se han limitado a poner a disposición de los espectadores únicamente películas que vienen precedidas por una exhibición exitosa en el país de origen de la cinta y de vez en cuando se han aventurado a trabajar algún subgénero, con malos resultados, ya que según es notable, compran las películas sin verlas o de plano su sentido del gusto contraviene toda lógica.
De esta manera, no se puede culpar a quienes compran o venden este tipo de películas y no sería justo ponerlas al mismo nivel de la piratería de películas de estreno, la diferencia radica en los intereses. Recientemente Blockbuster parece estar reaccionando y ha comenzado a introducir en sus líneas de cine de arte y cine extranjero –con películas importadas sin subtítulos en español- obra de cineastas antes dados a conocer por las huestes de bucaneros bienintencionados.
Si legalmente no es posible hacerlo ¿debe uno de abstenerse de ver buen cine?
Yo digo que no.

jueves, 20 de abril de 2006

"Buenos días, hermano"

Comencemos por imaginar el escenario: las 8 de la mañana de un domingo cualquiera, de esos en los que a la hora referida uno tiene a lo mucho 4 de haberse acostado, es decir, la resaca viene entrando con fuerza y la idea es combatirla con largas horas de sueño, lo cual se va logrando...hasta que tocan la puerta.
Hay 2 opciones viables entonces, levantarse y atender o hacer caso omiso al llamado; por lo regular se toma la segunda opción, pero los toquidos continúan de tal manera que uno no puede dejar de pensar que la insistencia es por una grave urgencia, así que uno se levanta, aplica un salivazo al pelo, se talla los ojos, si es posible se medio refresca la boca y se dirige a la puerta, abrimos y -comienza el martirio- nos topamos con un par de mujeres horrendas con una sonrisa fingidísima tras la cual dejan escapar un “Buenos días, hermano” (¿Hermano? En la vida las había visto y salvo a unos cuantos amigos muy cercanos a los cuales en alguna lejana ocasión he llamado así, no ando con la ridiculez de hermanear a cuanto ser viviente se me presente a la cara).
Antes de que pueda uno abrir la boca, ya te están hablando de la necesidad de acercarnos a dios (a su dios, obviamente) y de cómo tu vida miserable puede ser salvada. Si, yo también he pensado en el homicidio en ese instante, pero como no es políticamente (ni penalmente, que es más grave) correcto hacer eso, comparto algunas experiencias que me han ayudado a librarme de tan nefastos seres (que por cierto no entienden con un “no gracias” por muy amable que lo expresemos)
En una ocasión, luego de escuchar a las sujetas en cuestión me dieron una revista en la que se explicaba detalladamente como mi alma podía ser salvada. Yo, con toda la sana intención de regresar tan amable gesto, fui a mi cuarto y les regalé también una revista. Ellas se sorprendieron, se sonrojaron, me dijeron que no podían aceptarla, una de ellas hasta como que se indignó (sigo sin entender porque, a lo mejor no le gustaba la amabilidad correspondida) total que se retiraron apresuradamente, casi sin despedirse y me dejaron con en el anual 93 de la revista Hustler en las manos.
Otro día, con la cruda aporreándome a tal grado que estaba susceptible a creer en los demonios más horrendos de cualquier religión y con un humor de los mil ídem, de plano interrumpí su pesado discurso y le pregunte: -“Señora, ¿a usted le gusta el heavy metal?”- como vi que no captó le expliqué que se trataba de lo que los oyentes inexpertos llaman “rock pesado” y aclarado el punto me dijo que no, que prefería otro tipo de música. “Mire usted –proseguí-, a mi me gusta mucho, me llena, me conmueve, escucharlo es una experiencia muy placentera, sin embargo no ando de casa en casa molestando gente para invitarla a escuchar la música que me gusta porque me parece de pésima educación y en contra de la libertad de que cada quien, sin medios inductivos, haga, escuche y crea lo que le de la real gana”. Acto seguido cerré la puerta, pero no pude dejar de asomarme a la ventana para encontrarla ahí parada con cara de pasmo, en la mera orillita del desconcierto.
En otra ocasión me tocó que el predicador, evangelizador o como se le llame, venía del preescolar de la propaganda religiosa. Al abrir la puerta me encontré con un niño de unos 10 o 12 años, vestido muy correctamente con una camisa blanca rematada con una corbata de moño y su infaltable biblia en la mano; unos metros atrás, un sujeto barbudo y bonachón de sonrisa estúpida -que intuí era padre del niño-, observaba los pininos del joven elegido para propagar la fe.
Comenzaba el pequeño su diatriba cuando con toda seriedad le interrumpí:
-Gracias niño, pero soy satanista-.
No creí que los ojos alcanzaran de manera natural tal rango de apertura como la del niño, misma que me hizo saber que en sus primeras lecciones no incluyeron el trato con un supuesto seguidor del rival de su dios. El barbudo también se sobresaltó, así que ya no entendí nada, pues incluso el peor vendedor de cambaceo, creo yo, debe tener el ingenio para convencer al cliente y en este caso, tuvieron que quedarse con su producto.
En las tres ocasiones regresé a dormir incluso con mayor placidez, con eso que le llaman alma llena de una extraña alegría malévola y los madrugadores de domingo han desaparecido un buen rato de mi puerta.

miércoles, 15 de marzo de 2006

¡El Enmascarado de Plata a la Rotonda de los Ilustres!

Dada la evidente y palpable carencia de héroes nacionales posteriores a la figura del Tata Cárdenas (el doctor Nava es local y el Sub Marcos lo que se conoce científicamente como puro pájaro nalgón), es menester proveer a los mexicanos de un modelo a seguir en la cívica tarea de ser mejores personas y al mismo tiempo con el propósito de establecer un lazo en ese terreno pantanoso que se llama identidad nacional.
Exposición de motivos:
I.- La tradición popular ha de ser el espacio donde surjan las fechas y personajes memorables de nuestra historia; aunque irresponsables, ya estamos grandecitos como para decidir mediante vox populli a quienes merecen ser honrados con la memoria, dejemos ya de lado las figuras impuestas, personajes que conocemos porque la historia la siguen escribiendo los que ganan y no los que la viven ¡abajo Carranza!, ¡proscriban los textos del pelele Lucas Alamán!, ¡le cae al que nombre a una calle como Vicente Fox o Carlos Abacal!
II.- En ese sentido, el santoral laico del pueblo mexicano ha dado muestra de su contundencia al elevar al culto a personajes como Malverde, artistas como Pedro Infante y de la mitología cristiana (o más bien de su derivación católica mezclada con las religiones prehispánicas) a la virgen de Guadalupe. En ese sentido, Santo, el Enmascarado de Plata, cuenta con una amplia trayectoria en eso de las querencias populares; es imposible creer que haya una sola persona en este país que no sepa a quien se refiere cuando se menciona su nombre.
III.- Ningún héroe mexicano, por muy benemérito, padre de la patria o siervo de la nación que se diga, ha generado un culto de tal magnitud como el Santo, ninguno ha generado tal fascinación a pesar de que le ganen al enmascarado en inspiración de discursos, aunque a fin de cuentas, estos sólo son un conjunto de palabras para ganar certámenes escolares y de ahí pasar a formar parte del sistema.
IV.- Si no fuera por Santo, ya reinaran el mundo las mujeres vampiro (la oferta de tener a Lorena Velázquez de reinita es tentadora, pero..); nos hubieran invadido los marcianos; viviríamos temerosos de la maldición del hacha diabólica; las momias ya se hubieran zumbado todo Guanajuato y adiós Cervantino; en manos de algún pillo estaría el tesoro de Moctezuma y quien sabe como nos hubiera ido con los malvados hombres de la Atlántida dominando el mundo, de tal manera que lo menos que podemos hacer es reconocer justamente todo cuanto en vida hizo por este planeta.
V.- Si las anteriores acotaciones no fueron suficientes, cabe recordar que en un descuido y los zánganos diputados mandan primero a Salinas y Fox a la Rotonda de los Ilustres, por lo cual, si no es tomada en serio esta propuesta, no respondo.

San Luis Potosí, S.L.P. a 15 de marzo de 2006
Responsable de la publicación: La Iguanomancia
(siguen 900 firmas*)

*Todas las firmas son mías, pero su mérito debe tener mover tanto la pluma, ¿o no?