martes, 23 de abril de 2013

Las desapariciones


Me enteré, como la mayor parte de los interesados, a través de las redes sociales del rumor en torno a una posible desaparición del Centro Cultural Mariano Jiménez (CCMJ) para trasladar a ese espacio la Biblioteca Central del Estado. Poco después comencé a recibir mensajes y llamadas respecto al tema y como lo comenté en su momento, esperé hasta tener suficiente información para opinar.
Lo cierto es que por descabellado y fuera de lugar que parezca dicho rumor hay bases para pensar en que pudiera ser cierto; durante la presente administración de la Secretaría de Cultura me ha tocado escuchar de manera directa pensamientos en voz alta sobre la posibilidad de cerrar espacios “pequeños” como las casas de barrio, el Museo de Othón y el propio CCMJ dado que –palabras más, palabras menos- representan gasto y no producen ingresos propios que las hagan viables. Al día siguiente vi que en efecto, había una manta oficial que anunciaba la remodelación para la Biblioteca Central.
El asunto motivó la movilización de parte de la comunidad, principalmente del colectivo Es hora de hacernos agua, quienes realizaron un breve plantón en el CCMJ y colocaron algunas mantas en protesta. Por su parte la Secult emitió un escueto comunicado desmintiendo el rumor señalando que desconocía cómo había surgido esa versión. Pese a la existencia de la manta.
Días después, en un encuentro entre el colectivo y directores de la Secult se reiteró que no se daría el cambio rumorado y se dijo, cito textualmente a Antonio Trejo, “y sobre todo, la palabra dada de que no habrá represalias contra nadie”. Con ello se dio por concluido el asunto. O casi.
Una lectura a fondo del caso nos lleva a una realidad más alarmante: La Secretaría de Cultura vive una grave crisis.
A partir de la creación del Consejo Estatal para Cultura y las Artes, las dependencias encargadas de la cultura en San Luis Potosí han tenido que remar a contracorriente y contra todos, funcionarios que no entienden ni les importan las artes y artistas que cuestionan todo por igual. Es cierto que no siempre ha habido aciertos y en algunos casos en verdad se han dado malversaciones, pero sigo creyendo que las instituciones culturales son indispensables para el desarrollo integral del estado, de la nación, del mundo, pues. En ese sentido es alarmante el desconocimiento y desdén de la actual administración sobre el entorno de creación cultural y la trayectoria que se ha vivido, elementos indispensables para planear y dirigir la promotoría cultural de manera adecuada.
El problema es que tampoco parece que eso interese mucho, en varios de los titulares hay ignorancia, menosprecio y altanería, en algunos casos las tres juntas y a eso hay que agregarle una total impericia política y el hecho de que existe una marcada ausencia de liderazgo en la Secretaría.
Los signos empezaron a darse temprano, justo enseguida del caos vivido tras la destitución de Fernando Carrillo, el erróneo nombramiento de Carlos Beltrán y el encargo temporal a Arturo Castillo. El mensaje era claro, a este gobernador no le interesa en absoluto la cultura y si nos remontamos al inicio hay que recordar que había la intención de fusionar esta con la Secretaría de Turismo, plan que no se llevó a cabo no tanto porque le haya quedado clara a Fernando Toranzo la importancia de la Secult, sino porque cuando le presentaron el costo financiero de esa acción desistió del asunto.
La crisis generó sin embargo una parte positiva. Al verse desvinculados de una participación activa en el desarrollo de las políticas culturales los creadores llevaron a cabo acciones para establecer su posición y también para continuar trabajando más allá de las actividades oficiales; la valía de las jornadas de la Comunidad Artística Potosina en el Centro Cultural Universitario Bicentenario dieron la idea de que podría haber un trabajo conjunto que al paso de los meses se ha difuminado y la Secretaría ha devenido de espacio abierto a uno de reacción improvisada sobre las peticiones y posturas de los creadores del estado. A la luz – o más bien penumbra- de esto hemos visto crecer propuestas civiles para sostener la actividad artística con acciones importantes como las galerías independientes y proyectos como NOPAL, que vienen a llenar los vacíos dejados por el estado, cada vez más grandes, cada vez más alarmantes.
¿Por qué la necesidad de señalar que no habría represalias? Esa es una actitud perdonavidas, he sabido que se estuvo investigando a quienes bajo sueldo gubernamental pudieron haber tenido participación en las protestas. ¿Y? ¿Un salario debe callar las posturas personales? Si es así habla gravemente del criterio de quien dirige las políticas culturales como mal habla que al ser cuestionado al respecto del supuesto cierre el Director de Organismos, Mauricio Gómez,  haya respondido que no comentó antes el tema “porque me pidieron ser discreto”.
En paralelo ha aumentado la opinionitis de medios de comunicación electrónicos que se han dado a la tarea, visto el río revuelto, de denostar a través de falsedades y verdades a medias a la institución y sus funcionarios -notas en las cuales por cierto he sido envuelto y de las cuales me deslindo en absoluto-  sin que haya una capacidad de reacción al respecto.
Urge un liderazgo efectivo y urge que los funcionarios sean sensibles y capaces frente a la realidad que se está enfrentando, urge dar respuesta a las demandas no sólo de grupos determinados, sino de la población en pleno en torno las acciones y la manera en que se está trabajando, aceptar los errores y corregirlos por el bien general, crear una convivencia efectiva y ser de nuevo el vínculo entre creadores y sociedad que se requiere y no meros repetidores de ideas de planes estatales y nacionales que responden a ambiguos planes sexenales, la cultura está viva y no debe limitarse a planes de corto alcance, sino contemplar y dignificar la riqueza pasada, presente y futura de San Luis Potosí.
Quedan muchas preguntas al aire: ¿Por qué no se clarificó y señaló a los responsables de poner la manta oficial en el CCMJ si no hay intención de cerrarlo? ¿Fue un error? ¿Por qué el titular de Secult no clarifica y en cambio envía a subordinados? ¿Cuál es la política cultural que se lleva independientemente al Plan Estatal de Desarrollo? Hay que evitar las innecesarias desapariciones, principalmente las que corresponden a nuestro patrimonio. Conozco y fui compañero del equipo al frente de la Secretaría por muchos años; sé de la probidad de muchos de ellos; sé de las mentiras que se dicen desde afuera sobre el manejo de los recursos; sé de quién tiene un compromiso real y quien solamente cuida su quincena; sobre todo sé la importancia de una institución que puede formar mejores ciudadanos y eso, eso hay que cuidarlo.

viernes, 5 de octubre de 2012

MAL




La discusión en torno a la naturaleza humana es quizá uno de los temas más complejos y fascinantes de los que se puede hablar, de las profundas ideas de San Agustín en torno al alma, el libre albedrío y el amor, las consideraciones de Hobbes y Rosseau hasta las interpretaciones contemporáneas el asunto no tiene señas de poder ser concluido; Edén Coronado aporta su visión personal con Mal, montaje escrito y dirigido por él mismo que recién se estrena en el teatro de El Rinoceronte Enamorado.
En un espacio cerrado y asfixiante en el que los espectadores nos colocamos como si estuviésemos presenciando un laberinto para ratas o peor, el escenario de una pelea de perros, tres personajes giran en torno a una historia aterradora para llevar al público hacia la reflexión sobre la maldad, algo que dejan claro desde el preámbulo –a mi gusto innecesario- en el que los actores antes de meterse al personaje dan los antecedentes para que conozcamos el antecedente de la pieza y su propósito.
Edén elige prescindir de los múltiples ejemplos de maldad que nos son comunes en la vida cotidiana en México para establecer un discurso universal a partir de uno de los casos que más han marcado a la opinión pública mundial en los años recientes, el del Monstruo de Amstetten, Josef Fritzl, el austriaco que durante 24 años mantuvo secuestrada en el sótano de su propia casa a su hija, con la cual procreó siete hijos hasta que fue descubierto en 2008. Puesto el tema y la intención, Karina Díaz como la hija, Mauricio Jiménez como el padre y Jesús Coronado como el diablo nos llevan a un estado incómodo a través de diálogos de espina espesa salpicados con referencias de José María Pérez Gay, Caryl Churchill, José Saramago, Pico Della Mirandola y Alexander Sokurov; hay un estado de violencia permanente aún incluso en los pocos momentos en que la protagonista se esconde en su cabeza para encontrar paz, la realidad vista a través del tamiz de una ficción creada por el autor para indagar lo que pudo haber sucedido en esos veinticuatro años de degradación mental de padre e hija que apreciamos gracias a la solvencia en el trabajo de los tres actores.
En cada uno encontramos elementos de razón intermitente, nada es absoluto, ni siquiera la maldad del padre que abusa física y mentalmente de su hija de manera sistemática, a fin de cuentas ¿no se dice que todo lo justifica el amor? La hija es una víctima, eso es muy claro, pero ¿Qué hace para detener su infierno? Razones hay de sobra para que como espectadores justifiquemos cualquier método que use para liberarse. Y el diablo, pues vaya, resulta que a la conciencia no podemos atribuirle moralidad alguna ¿Pero ello es malo o sólo nos permite mantener al límite nuestra cordura?
El diseño escenográfico y la iluminación son concretos y austeros para dejarnos concentrar en el trabajo de escena, resulta ingenioso el planteamiento de dos niveles de butaquería, de los cuales al superior se llega a través de una escalera de mano, aunque la verdad es que es un tanto incómodo ya que las sillas no resultan suficientemente altas para ver las acciones sin que ello represente un castigo para la espalda, ojalá esto pueda resolverse pronto, ya que es muy interesante ver la obra desde un ángulo superior.
El trabajo de Coronado como director también se ha ido depurando y eso es plausible en función de la competitividad deseada para con los realizadores del estado, que recién pudimos apreciar en la pasada Muestra Estatal de Teatro con resultados poco alentadores y que en breve podremos contrastar en la Muestra Nacional a realizarse en noviembre.

jueves, 23 de agosto de 2012

En el bosque


La evolución del teatro, que como la de la vida misma hemos visto crecer y cambiar de manera acelerada en las últimas décadas, nos ha traído hasta un momento en que las definiciones resultan por demás ociosas, útiles tal vez para los estudiosos y quien por pretensión quiera ubicarse en tal o cual lado. Así En el bosque, escrita y dirigida por Víctor Ortiz puede situarse en ese espacio ubicuo del espectáculo escénico actual.
¿Expresionismo? ¿Posdramático? Yo no me atrevería a encasillar una historia que aparentemente se desarrolla de manera lineal, simple: un trastornado afilador habita en el bosque cerca de una mujer que vive con su hija, el mantiene una obsesión para con la pastora que al parecer no es indiferente, un acercamiento furtivo descubierto por la niña llevará el frágil equilibrio a la locura.
Las acciones se desarrollan sin que los actores emitan frase alguna, es un completo ejercicio de expresión corporal con lo que se comunican con el público y lo hacen muy bien, las acciones físicas marcan la progresión dramática logrando al mismo tiempo momentos muy plásticos, el trabajo mayor lo lleva Antonio Orta, el afilador, sin que decir ello implique que lo que hacen Irma Alvarado, Marieta, y Carmen Valles, Lalash sea menor.
Interesante la propuesta de Ortiz, quien es también el artista potosino más activo en la Muestra Estatal de Teatro que con este montaje inició en San Luis Potosí, catorce veremos en total, ya se irán comentando.

(La foto está tomada sin permiso del muro del estimado Antonio Retana)

miércoles, 22 de agosto de 2012

Oscuro

El preámbulo para el arranque de la Muestra Estatal de teatro, que después de varios años de ausencia se vuelve a dar en San Luis Potosí se da con la presentación -única, desafortunadamente- de Oscuro, tercer montaje de Compañía de teatro del Instituto Potosino de Bellas Artes y una experiencia revitalizante al teatro del estado, aunque el mismo esté casi ausente en la puesta.
Bordeando vagamente (intervención libre, dice en el cartel) al Otelo de Shakespeare, tres personajes disertan en un incierto paraje sobre las relaciones humanas, el poder, la violencia y los demonios internos. Des (Luciana Silveyra) una Desdémona bragada y manipuladora, Otter (Ricardo Esquerra) como un Otelo que trata de ser cerebral pero está nublado por las pasiones y Jako (Plutarco Haza), el Yago desparpajado y ambicioso conforman este trío atrapado en un pedazo de desierto que puede ejemplificar lo seco de sus propias vidas.
La puesta en escena planteada por parte de Marco Vieyra muestra buena mano al distribuir el trazo de manera que el espectador se mantiene siempre atento pese a la excesiva verbalidad de algunos monólogos, el trabajo de los actores ha sido bien aprovechado y la composición de escenografía y vestuario, a cargo del experimentado Philippe Amand enmarca a la perfección un trabajo que va directo a los sentidos, que no apela a una progresión convencional porque transita en una línea espacio-temporal paralela a la nuestra aunque cercana como para saber que de lo que hablan nos atañe de manera directa.
El texto es obra de Edgar Chías, uno de los talentos nacionales de la generación que abre este siglo y en él se ven reflejadas constantes de su obra como la reflexión en torno al sinsentido de la violencia, los roles femenino-masculino en sus polos positivo y negativo y la lucha de poder en general, tanto de manera simbólica como explícita.
Uno de los elementos más atractivos es la presencia de un caballo blanco manejado por Claudia Florescano y el rejoneador Enrique Fraga, al que le he dedicado atención aparte porque presenta al mismo tiempo un acierto como un exceso. Hay momentos en que la aparición tiene una significación específica que enriquece -la aparición de Des, el ascenso de Jako- pero en otros se torna meramente ornamental al grado que se llega a predecir el momento en que saldrá, lo resalto porque creo que llega a afectar al conjunto de la obra al acercarla al mero espectáculo visual, algo injusto para un trabajo conjunto que merece reconocimiento.
Finalmente, hay que reconocer también la intervención de Víctor Ortiz como El hombre, rol que pese a su brevedad nos permite disfrutar de sus capacidades físicas. El diseño sonoro en vivo por parte de Juan Pablo Villa y el vestuario de Carmita Soria son otros aciertos del montaje. La obra se ha inscrito para la eliminatoria de la Muestra Nacional de Teatro que se llevará a cabo por segunda ocasión en noviembre de este año en la capital potosina, esperemos que libre esta etapa y la podamos ver de nueva cuenta, esperemos también que la competencia le sea dura y que ello signifique la recuperación de un nivel perdido en el estado y el país.

lunes, 15 de febrero de 2010

De columnistas e hijos de puta


Las páginas, tanto impresas como electrónica de Milenio reproducen el 15 de febrero la columna La historia en breve, de Ciro Gómez Leyva con un título que por supuesto llama la atención: Los “hijos de puta” de Aguilar Camín.

A grandes rasgos la columna deplora la reacción que los tijuanenses tuvieron para con el Secretario de Gobierno, Fernando Gómez Mont, durante la tortuosa visita de pretensiones expiatorias que este realizara junto con el presidente a esa ciudad devastada por la violencia del crimen organizado desde hace muchos, muchos años. Gómez Leyva dice que le duele mucho la forma que lo confrontó la gente -al grito de ¡Asesino!- y el zape que una mano tan desconocida como impotente le propinó al funcionario. Agrega que al día siguiente le pidió a Héctor Aguilar Camín su opinión dentro del noticiario radiofónico del primero y la base de la respuesta se puede resumir en esta frase: “No hay una condena moral sistemática contra los asesinos”, con la cual se lamenta de que la gente exija fuertemente al gobierno por su acción (o inacción) ante los hechos criminales antes que voltear contra los criminales.

Completamente válida la opinión de ambos comentaristas, pero es el punto de vista de dos informadores que se distinguen por su completa parcialidad en los temas que les son cercanos, ambos han dado innumerables muestra de su capacidad de dejar de informar para pasar a ser jueces cuando sienten sus intereses vulnerados.

Nada más para que la desmemoria no nos agarre desprevenidos, hay que recordar que pese a que Aguilar Camín ha sido dentro de su trayectoria periodística sub director del diario La Jornada -bastión de la izquierda mexicana-, siempre ha tenido proclividad a apoyar las decisiones más polémicas de los gobiernos en turno; su revista Nexos fue abiertamente favorecida durante el salinato y cómo olvidar su responsabilidad en el escándalo por la bizarra cantidad de errores de los libros de texto gratuitos en 1992.

Gómez Leyva por el contrario se ha distinguido por ser un polemista, un cuestionador inteligente que sentó además un precedente positivo con el noticiario de Canal 40 que perduró hasta el asalto de las instalaciones por parte de los golpistas pagados por TV Azteca. Pero también se ha distinguido por ser radicalmente parcial cuando debe de tratar temas que aluden a sus amigos o sus circunstancias, como se pudo constatar cuando salió a flote el escándalo que involucraba a su ex jefe Carlos Ahumada y como es frecuente ver en la misma columna a que se está haciendo referencia ahora.

Por el lado del juicio popular cuestionado, es cierto que la gente ve en los gobernantes al enemigo cuando se trata de reclamar justicia antes que mirar directamente a quien les hizo el mal, pero años y años de impunidad provocada por las autoridades les asignan claramente un lugar preponderante en la responsabilidad de la descomposición social.

¿Cómo pretenden que las personas que han sido afectadas no reclamen a las autoridades su responsabilidad? Evidentemente no es la mano de Gómez Mont la que ejecutó a los 16 jóvenes juarenses y por tanto no se le puede achacar el término de asesino con su responsabilidad legal, pero sí se le puede atribuir tanto a él como a las autoridades de los tres niveles de gobierno, a los legisladores y demás funcionarios pasados y presentes la responsabilidad del estado de las cosas en el país, por tanto el epíteto le cabe bien a él, al presidente y todos los involucrados.

¿Se puede encarar de esa manera a los asaltantes, secuestradores, violadores, narcotraficantes y la muy variada gama de criminales con que contamos y permanecer de una pieza? Por lo que dice la columna, al menos en la forma en que está redactada, eso es lo que quieren ambos periodistas, que la sociedad increpe directamente a los delincuentes aún a costa de su seguridad, pues al fin y al cabo ellos son quienes los afectan y no el gobierno. Una lógica devastadora la suya, la justificación de la incompetencia de los cuerpos de seguridad como respuesta a las manifestaciones que les exigen cumplir con el propósito para el que fueron creadas, manifestaciones que por cierto ante la lasitud de los gobiernos tienden a volverse cada día más grandes, adelgazando a grandes pasos la capa que separa al Estado del caos.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Década 1 (I)


Los primeros rayos de luz del año 2000 me dieron de lleno en el ojo derecho para recordarme que era hora de ir al mercado República por un menudo que apaciguara los últimos vapores etílicos del siglo XX en mi cuerpo; agarré rumbo y me lancé a esas calles que finalmente no habían desaparecido como predijeron los eternos fatalistas e interpretadores de biblias, Nostradamus y mitologías varias que auguraban en el comienzo del milenio el fin del mundo como lo conocemos.
No imaginaba entonces la serie de señales que durante el año se dieron para formar el camino del planeta en esta nueva etapa (bueno, nueva de acuerdo al calendario gregoriano, que marca tanto el tiempo de occidente como el dominio ideológico del cristianismo); Bill Clinton fallaría en su intento de remediar de una vez por todas el estúpido conflicto árabe-israelí y la soberbia de Ariel Sharon habría de generar una nueva Intifada. Slobodan Milosevic se enteraría por medio de la TV que su leyenda como “Carnicero de los Balcanes” llegaba a su final junto con la República Socialista de Yugoslavia.
De este lado del continente, la avejentada Revolución Cubana cobraba un nuevo respiro cuando Fidel Castro comprendió el poder de los medios masivos de comunicación y en una coreografía sin par con el gobierno gringo realizó un incipiente reality show de la desgracia del niño náufrago Elián González, que sin deberla ni temerla se convirtió en icono de lucha contra el “imperialismo yanqui”, un golpe más para la administración Clinton, que tuvo dramático final con unas elecciones por demás dudosas para el supuesto país más democrático, merced a lo cual llegó a la silla el simio antropoide de George Bush Jr.
Para infortunio, no acababa de burlarme del destino del vecino norteño cuando me tocó el dudoso honor de anunciar en vivo desde el Consejo Estatal Electoral el triunfo en las urnas de Vicente Fox Quesada, candidato a la presidencia de la República por el ultraderechista PAN, nota que me llevó a tener que salir a tomar aire a la calle, sólo para darme cuenta del ambiente festivo desatado, ante el cual sólo pude pensar lo que anteriormente tenía preparado para USA: Los pueblos tienen el gobierno que se merecen.
Al menos para los tragos amargos pudimos disfrutar ese año de películas como Snatch, de Guy Ritchie; la maravillosa 9 Reinas de Fabián Bellinsky; Requiem por un sueño, de Aronofsky; Amores perros, buena película que gracias a la sobrevaloración que obtuvo puso a México en la mira internacional; la entrañable Casi Famosos y la pacheca Battle Royale, así como la durísima Viólame.
En la música no nos iba tan mal tampoco, Radiohead sacó a la venta Kid A, extraña pieza que ya ha sido declarada por toda serie de dudosas listas como el mejor de la década. Coldplay se aventaba con Parachutes; Lou Reed con su Ecstasy; el At The Drive In de Omar Rodríguez hacía lo propio con Relationship of command; Primal Scream con XTRMNTR; Björk traía el soundtrack de Dancer in the Dark en Selma Songs y Muse empezaba a abrirse camino con el magnífico Showbiz. Uno pensaba que al menos en cine y música podría librarse de las desolaciones del tiempo e Internet comenzaba a ser un espacio de intercambio importante, el campo donde la voracidad de las disqueras y distribuidoras estaba siendo minada merced al trueque primitivo avalado por Napster, el programa de intercambio más extendido entonces, característica que le valió ser demandado por varias disqueras tras un berrinche de los mamarrachos de Metallica. El embate, sin embargo, sólo consiguió que Napster ampliara su número de usuarios; la primera gran batalla contra el sistema económico parecía estar dada a favor de los internautas… sin embargo Napster cedió y se vendió a Bertelsmann para empezar a cobrar por descarga a partir de 2001.
El Zeitgeist de la década estaba echado.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Panegírico de Ileana


Sería falso de mi parte decir que fui amigo íntimo de Ileana Illescas, no lo haré. Nos conocimos hace más de 15 años, cuando hacía mis pininos en el teatro y ella era ya una actriz consagrada; recuerdo que la primera vez que la vi actuando pensé que era la mejor actriz que había visto en vivo hasta entonces y lo curioso es que ahora sigo pensando lo mismo.
Seguí con avidez cuanto hacía en teatro, cine o tv desde entonces, siempre con la predisposición de que me gustara lo que hacía, así subjetivamente, y no hubo manera de hacerme cambiar de opinión. Muchas veces la vi ir y venir en su bicicleta, siempre portando su hermosa sonrisa como carta de presentación para asombrar al mundo, con esa chispa tremenda que ponía a todos de buenas, con su palabra amorosa para saludar, esa luminosidad cegante que pocas personas poseen.
Un día, sin mayor lazo mutuo, platicó conmigo de cosas dolorosas por las que yo pasaba, con ese amor encabronado que irradiaba y la paz consiguiente que dejaba tras las charlas. Me dejó noqueado.
Sólo tuve una oportunidad de verla este año, esperaba que se diera una más este sábado en el festival organizado en su honor. Ya no la veré en persona, pero se que veré en todos los participantes algo de ella, un cachito, como el que ha quedado en mi.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Para documentar la estupidez humana VI. El amor


Estoy casi seguro que el tema del que más se ha escrito es el amor (carnal, que es el tema) y se ha hecho de todas las maneras posibles, aunque en la mayoría de una forma condescendiente para un sentimiento que viéndolo fríamente es más un estorbo que una fortuna, como se pretende hacernos creer.

Como sabiamente lo describió Schopenhauer, el amor es en esencia una sublimación del instinto primario de reproducción de la especie, sublimación que se estaciona al lado de la irracionalidad desde el inicio de los tiempos y que funciona para proporcionarnos un sentimiento de seguridad y bienestar consistente en la delegación de las debilidades propias para que sean veladas por la pareja.

El problema no es el sentimiento en sí, si no la negación del raciocinio que le es implícita, la cual irremediablemente lleva a estadías de sufrimiento cíclico que la persona se niega a remediar por mantener tercamente la fe en el ser amado, algo que en la mayoría de los casos no es ya infructuoso sino francamente estúpido, por ello el insuperable aforismo de Georges Perros -“Amar es darle a alguien el derecho, cuando no el deber, de hacernos sufrir”- ilustra a la perfección la cláusula central de una relación amorosa, con lo cual queda demostrado el absurdo principio de masoquismo del sentimiento en cuestión.

Es por otra parte, vale resaltarlo, igualmente estúpido el tratar de mantener una vida sin sentirlo, toda vez que culturalmente hemos sido educados para establecer este intercambio sentimental de manera imprescindible para poder solventar adecuadamente las necesidades afectivas que nos son inherentes, y no me refiero al mero acto copulativo –que es una necesidad elemental, pero se puede practicar sin necesidad de que esté implícito el aspecto amoroso, que para eso es el acto más puramente animal de nuestra especie- si no al sentirse seguro, acompañado, comprendido y el resto de cuestiones que se intercambian en una relación. También está científicamente comprobado que el amor favorece a nuestro organismo a través de procesos que le benefician y ayudan a mantenerle saludable.

Mención aparte merece la aportación que los males de amor han brindado a las artes y menciono los males precisamente porque son estos los que se ven reflejados en las grandes obras que abordan el tema, pues ni siquiera en las festivas encontramos una historia que hable del amor como sentimiento terso; invariablemente los personajes sufren por las más variadas circunstancias provocadas por el amor, sufrimiento que –también invariablemente- es tramposa y malamente escondido con el triunfo final de los enamorados, ejemplo más claro no hay que el cierre típico del “y vivieron felices para siempre”, tan cursi y absurdo como improbable.

El amor pues, lleva a una serie de obstaculizaciones para una vida normal que vienen siempre acompañados de una ceguera voluntaria que afectan tanto a la persona que lo padece como a sus cercanos e incluso a terceros que no tendrían por qué padecer los problemas ajenos que se dan por ejemplo en lo laboral con los sufrientes que bajan de manera considerable su desempeño desencadenando así las mencionadas molestias. Iba a mencionar también como mal los suicidios causados por el amor, pero pensándolo bien es un aspecto positivo que aporta su grano de arena a remediar el exceso de población del planeta.

Dicho de otra manera, si fuésemos mejor criados, como personas seguras y auto suficientes, las relaciones amorosas seguramente alcanzarían un grado de raciocinio permisible para que pasara a ser un sentimiento netamente positivo, sin embargo como eso no va a suceder nunca, no pasará de ser mucho más que un pretexto para escuchar boleros rancheros.

domingo, 21 de junio de 2009

Algo sobre mi padre



Me empecé a interesar en el arte gracias al Libro Vaquero. Quizá poco antes, con los comics de Cantinflas Show, pero me gusta pensar que la raíz de todo fueron aquellas sosas aventuras de vaqueros llenas de mujeres voluptuosas, borrachines de Saloon, Apaches despistados y gringos malalma que llenaban las páginas de esa historieta.

Recuerdo que un día –los sábados regularmente acompañaba a mi padre a la bodega en el mercado de abastos para aprender el oficio, de tomatero y chilero en nuestro caso- estaba aburrido al mediodía y para entretenerme tomé un ejemplar del Libro Vaquero, hasta que mi padre volteó a ver qué hacía y se dirigió hacia mi, me dijo que no debía leer eso, que lo esperara, entonces lo ví cruzar la calle hasta el puesto de revistas, seleccionar algo y regresar, traía en la mano el número 1 de Joyas de la literatura, que era una adaptación de Romeo y Julieta, y me la dio pidiéndome que no siguiera leyendo la basura de historieta western que aún tenía en las manos.

La historia me golpeó. Aún a mis diez años pude darme cuenta que la adaptación no podría ser sino algo muy menor respecto a la obra original y quise leer el texto, recuerdo que incluso al final de la adaptación había una leyenda que decía: “Estimado lector, si le gustó esta adaptación, no dude en buscar la obra original”. Le pedí a mi padre que me comprara el libro.

A partir de entonces me volví seguidor de esa historieta y de Novelas inmortales, ambas eran adaptaciones pobres, pero gracias a ellas me interesé en leer a London (El Vagabundo de las Estrellas, me sigue impactando); Melville (Moby Dick fue una iluminación total); Bronte (Heathcliff, de Cumbres Borrascosas es alguien con quien siempre me identificaré); Stoker, Poe y Sheridan Le Fanu (El entierro de las ratas, Las aventuras de Arthur Gordon Pym y La profecía de Clostedd me volvieron fiel seguidor del horror).

Tal vez sin pensar en las repercusiones, mi padre se volvió mi mentor literario, un hombre que cursó apenas el segundo grado de educación básica fue mi primer y mejor maestro de literatura; recuerdo su cara cuando me veía consumiendo libros desaforadamente –de los 11 y hasta alrededor de los 25 leía unos tres por semana-.

Recuerdo también nuestras peleas. Mi ira contra la suya, descontroladas. Pero ante todo la mirada de orgullo con que me veía. Su infinita tristeza cuando reprobé un año en la prepa por no ir a clases. Mi promesa consecuente de no volver a fallarle.

Recuerdo a un tipo gordo y bajito con quien cantaba en las tardes El Barzón, que fue la única canción que aprendí a tocar en la guitarra de Paracho que me regaló a los 9 años. Lo recuerdo comiendo tallos de apio con mi hermana en las noches sabatinas de box. Besando a mi madre en un restaurante de la Feria Nacional Potosina.

Eso fue en la primera mitad de mi vida. He vivido tantos años como tenía el día en que murió. Y aún le sigo buscando, extrañando, deseando que todo sea un sueño y en un rato vuelva.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Papiers collés (II)

Un diario íntimo alegre es inimaginable. Cuando un hombre se inclina hacia sí mismo, hacia su pasado inmediato, sólo recoge huellas de desastres.


Nunca hice nada que no fuera por placer. Sería mucho decir que no he hecho gran cosa.

Tener un destino, ¡qué idiotez! Es liberarse de todo destino lo que cuenta un poco.

No se necesita ser muy listo para pensar que todos los hombres quieren ser libres y no desdichados. Falso. Ellos quieren su libertad, no la del vecino. Quieren su dicha –o su desdicha- no la del vecino. Cuando dos libertades se juntan, es la guerra.


Uno no escribe porque está loco, si no para no enloquecer.


Escribir es alegre. Uno puedes escribir alegremente que se va a suicidar.


Cuanta razón tienen aquellos que niegan la inspiración. Basta leerlos.


No somos modernos porque empleamos nuevos procedimientos –en música, particularmente- sino porque sin ellos no sabríamos expresarnos.


La historia. ¿Por qué nunca he asistido a un gran acontecimiento? Más tarde me enteré. Me dijeron que estuve.


El arte moderno nos hace cambiar de calle para encontrar al arte moderno. El arte moderno dice nuestra precariedad. El arte antiguo decía nuestra muerte eterna. El arte moderno dice nuestra vida continuamente “agónica”. El hombre ya no tiene al tiempo “delante” de sí. Él es, siente serlo, el último hombre. (Es abusivo, pero así es.) por lo cual la noción de posteridad carece de sentido. Se trata de saber ahora o nunca. Vivir se ha vuelto absolutamente apasionante, a todo nivel de escala. Bataille lo había sentido. La soberanía.


Escribir es trasgredir una ley natural, ya que no es necesario escribir para vivir. No es por instinto de conservación que un hombre utiliza la literatura con fines, lo más frecuentemente, ineficaces. Se trata de comunicar lo que el lenguaje corriente se revela incapaz de restituir; escribir vendría a ser un acto de fraternidad ambigua, cuyos límites evidentes ya no dependen de nuestras relaciones inmediatas con los otros, sino de aquellas, misteriosas, que un hombre decide tener con la poesía de sus semejantes. Se que hay escritores. Lo que prueba que escribir es un oficio. De hecho es así para muchos. Pero ¿Cómo saber si es el oficio lo que cuenta, o bien su materia?

miércoles, 20 de mayo de 2009

Papiers Collés (I)

el 2 de enero de 1994 no acababa de reponerme del asalto mental que implicó la aparicion pública del EZLN cuando cayó en mis manos La Jornada Semanal, en aquellos legendarios tiempos en que la dirigía Roger Bartra; en la portada de la revista aparecía Leonel Maciel, chamanazo, lo cual me llevó a abrir con avidez sus páginas y para mi sorpresa me encontré con un artículo de Luis Eduardo Rivera titulado "Defensa de la razón poética" acerca del filósofo francés Georges Perros, seguido de una serie de aforismos seleccionados de los tres tomos de sus Papiers Collés. Dos cosas -el EZLN y el artículo- que cambiaron mi vida en esos lejanos días de pre estudiante universitario.
En razón de la escasez de información sobre este enorme autor en la red, comienzo a trascribir los aforismos de Papiers Collés para después seguirme con el artículo, sin permiso de La Jornada, vale decir, pero total, el chiste es difundir sus ideas:

El hombre se pertenece cuando ya no se compara a ningún hombre.

Conocer al hombre es quejarse de ser uno de ellos.

El amor es esta cosa estúpida sin la posibilidad del chispazo dialéctico, y es evidente que no es asunto para quienes tienen el alma enfebrecida. El amor es esa mirada cursi, ese entrelazamiento melodramático con fondo musical que sube de tono, ese personaje en el jardín, ese otro en el patio, que se ven por primera vez, que no saben nada de su vida en común. El amor es como si nunca hubiésemos respirado. Todo el pasado desaparece, se funde y toma el nombre de espera. “Te espero”, dice el enamorado. Pero es obvio que no es una cita común. No hay hora, no hay lugar preciso para esta espera, para este triunfo milagroso de una ausencia que de pronto toma prestados unos posibles rasgos, un cuerpo verdadero, al que podemos estrechar y que es precisamente el único cuerpo en el mundo capaz de responder al nuestro, ya que está igualmente desposeído. Dos ausencias que buscan la misma cosa en el mismo lugar.

Amar es dar a alguien el derecho –cuando no el deber- de hacernos sufrir.

Lo peor que puede ocurrirle a Dios es que el hombre ya no ponga en duda su existencia. Es también lo peor que puede ocurrirle al hombre.

Escribir es renunciar al mundo implorando al mundo que no renuncie a nosotros.

Es escritor todo individuo para quien la vida, es decir los otros y él mismo, el cielo, los acontecimientos, no tienen fin. Es escritor todo individuo que no se atreve a vivir francamente. Todo escritor valedero está enfermo (nada que ver con la salud física). Si este hombre peligroso no se refiere ni a los otros, ni al cielo, ni a los acontecimientos, ni a él mismo, se dirá que es poeta. Si por fin está a tal punto desapegado que la alternativa sólo tiene lugar bajo él, se podrá hablar de espíritu.

Es por lo tanto cierto que el mundo es detestable, ya que tantas personas influyentes lo han dicho. Los moralistas – entre otros- no han dicho otra cosa, como si decirlo les permitiera vivir un día más. La soledad siempre ha sido negativa. La vida en sociedad conduce al suicidio. Lo que de ninguna manera nos impide tener amigos y soportar el “yo te amo” del otro sexo. ¿Entonces? Juguemos. ¿Pero a qué? Ningún juego soporta dos vencedores. ¿Empate? Sí, empate ¿Pero cómo hacer el amor?

“Tener algo que decir”, la estúpida expresión. Pero no hay nada que decir, eso salta a los ojos y a todo el resto. Es por ello que uno habla, escribe, se mueve sin cesar; es por ello que uno vive, de alguna manera. Es el cielo, la flor, el burro, el mar, los que tienen algo que decir, los que nos suplican que les ayudemos en su difícil pronunciación, estruendosa o muda. La lengua es la herramienta que nos ha sido dada para ayudar a encontrarles, a ellos, su decir, su palabra. Los hombres se entrenan entre sí para conservar intacta esta herramienta. Ay de éstos si se creen los propietarios, o si piensan que está hecha para su uso personal. Para su miserable comercio. La lengua no puede hacer sino daño, o nada –la moral- a los hombres. Toda la dignidad de los hombres está en la sacralización de las cosas. Pensar que uno tiene algo que decir es peor que masturbarse, placer triste, pequeña muerte. Amén.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Ballard, profeta de nuestro tiempo

Los lugares comunes describen la obra de J.G. Ballard como ciencia ficción ubicada en un futuro distópico, algo con lo que estoy en completo desacuerdo. Revisando su trabajo literario nos podemos dar cuenta que aunque sus textos bien pueden tener cabida dentro de la clasificación de ciertos sub géneros vinculados con la CF, el iluminismo que muestra en cada una de sus narraciones le vuelve más un visionario del futuro que un contador de historias imaginativo.

Tarde llega este homenaje, pero no quiero dejar de convidarles, como recuerdo a unos, presentación a otros, una pequeña muestra del inabarcable talento profético de uno de los escritores más importantes de la segunda mitad del siglo XX a través de una selección de citas que demuestran su capacidad profética y espero los mueva a buscar y devorar su obra.


El único y verdadero planeta alienígena es la tierra.


Asumiendo que la única cosa cierta acerca del futuro es que va a ser aburrido, el papel que desempeñará la ficción imaginativa se convierte en más y más importante para la supervivencia.

Si se tiene que categorizar el futuro en una sola palabra, esa palabra sería hogar.


Así como el siglo XX ha sido la era de la movilidad y su mayor exponente el automóvil, así la próxima era será una en donde en vez de buscar aventuras a través de los viajes, uno va a crear los suyos propios, de la forma que uno elija, en su casa. El individuo promedio tendrá todos los recursos de un estudio moderno de TV, conectado a procesadores increíblemente sofisticados y poderosos.


La ayuda electrónica, particularmente las computadoras domésticas, ayudarán a la migración interna, la opción de salir de la realidad.

La realidad no será ya lo de fuera, sino lo que hay dentro de tu cabeza; será comercial y desagradable al mismo tiempo.


En un mundo completamente cuerdo, la locura es la única libertad.


Lo que nuestros niños deben temer no es a los autos en las vías del mañana, sino a nuestro propio placer por calcular los más elegantes parámetros de sus muertes.


Debo resumir mi temor sobre el futuro en una sola palabra: aburrido. Y ese es mi único miedo: que todo ha sucedido ya, nada excitante, nuevo o interesante volverá a pasar… el futuro será un vasto, conformista, suburbio del alma.


Y mi favorita:

… lo que es interesante ahora es que el tiempo se está acortando entre lo que es “rebelde” –“revolucionario”- y la “total aceptación social”.

En el futuro vas a tener una idea nueva radical, pero dentro de tres minutos estará totalmente aceptada y a la venta en el supermercado más cercano.



P.D.

Para ser sincero, solamente he leído un puñado de sus novelas, sin embargo sigo buscando en todo momento su obra, escasamente publicada en México. en calidad de mientras les recomiendo de menos las que han tenido adaptaciones cinematográficas y por ende son más fáciles de conseguir (con el libro con la portada de la película, claro): El imperio del sol, Crash y Exhibición de atrocidades. Además, si las encuentran, no se pierdan Noches de cocaína y sobre todo Isla de concreto, uno de los libros que más me han marcado.

Larga vida a Ballard, inconmensurable maestro.



miércoles, 7 de enero de 2009

Palestina, en la franja de Gaza

Recién he visto en La Jornada una foto que me impactó sobremanera: un pequeño de unos cuatro años, descalzo y sucio, recargado contra la pared y llorando con un rictus de profundo miedo y desesperación. Una infamia. Se trata de un niño Palestino refugiado en un albergue del ataque israelí contra su pueblo.
En el transcurso del día en que escribo este post ha pasado una supuesta tregua por parte de Israel merced a la iniciativa franco-egipcia y tres horas más tarde he visto en las noticias que se han reanudado los ataques. Más de 600 muertos palestinos, la mayor parte civiles, en buena medida niños y 6 soldados israelíes es el saldo al momento, sigo viendo las noticias y continúo sin comprender. Me horroriza la guerra. Me parece el acto más estúpido y aberrante del ser humano, la constancia plena de que debe ser la única especie que merece desaparecer. No entiendo, como igual le sucede a veces incluso a quienes lo estudian, el conflicto árabe-israelí, tanto odio, el ciclo inagotable de la violencia.
Desde hace tiempo me he interesado en esa historia cuyo origen es tan ambiguo como inútil el intento de discernir a que parte asiste la razón, por ello la torcidísima complejidad para poder resolverlo. En ese camino me encontré con Palestina, en la franja de Gaza, una novela gráfica de Joe Sacco, periodista, fotógrafo e historietista de quien ya había tenido la oportunidad de leer (gracias a mi amigo Kala) Gorazde: zona protegida, donde relata una parte de la guerra de Bosnia oriental mediante su propio testimonio.
Palestina, publicado originalmente en 9 tomos y compilada posteriormente en uno sólo a manera de novela gráfica, se sitúa hacia el final de la primera Intifada. Sacco acude a la maltratada franja de Gaza para entrevistarse con sus habitantes, reportero que enfoca la mirada en la gente común antes que en el frente de guerra, en aquellos que sufren los efectos de una carnicería en la cual a los ojos de los medios de comunicación solamente cuentan como parte de la numeralia de muertos y desplazados.
Estéticamente, Sacco opta por una diagramación nerviosa y desequilibrada, como si la página se tratase del propio cuaderno de notas del reportero que no muestra orden salvo para aquel que lo escribe, nos hace así partícipes de su recorrido y de las muchas entrevistas que va realizando en distintas ciudades de la franja, narrando siempre en primera persona y en ocasiones (como hacia el final del segundo capítulo) lleva a primer plano el texto y el dibujo se vuelve mero aporte ilustrativo, aunque al momento de leerlo casi no se percibe por la potencia misma de la narración.
El dibujo, aunque tiende al realismo, tiene una marcada influencia del comix underground, particularmente en el personaje del propio Sacco, que a diferencia del resto es una verdadera caricatura alejada incluso de las facciones reales del artista: se presenta como un tipo de lentes tan gruesos que no dejan ver los ojos, un pelo rebelde de cepillo y una boca gruesa y grande; se marca así como extranjero en el sentido amplio de la palabra. Es un observador, uno que busca entender lo que sucede alrededor suyo pero no es lo suficientemente real, como aquellas personas con las cuales conversa, víctimas de un conflicto inagotable que ya se ha vuelto parte de su modo de vida.
Y de esta manera también toma partido; la novela en sí habla del pueblo palestino y sus vicisitudes, de la incongruente dureza de Israel, de manera que no se trata de un reportaje imparcial, no llega a la militancia pero si sostiene –sin ocultarlo, vale decir-, simpatía por sus entrevistados. De ninguna manera este aspecto puede calificarse como demeritorio de la obra, por el contrario se ve más bien como una visión a contrapelo de la sostenida por los tendenciosos y sometidos medios de comunicación norteamericanos, lo cual ya es mucho decir.
Como pieza artística de comic, testimonial, reportaje, crónica; Palestina, en la franja de Gaza destaca por su valor intrínseco. En estos momentos, a más de 15 años de su publicación original vuelve a cobrar vigencia de una manera desafortunada pero oportuna, es una obra que hay que leer para entender un poco lo que de humano se puede encontrar en las regiones del terror.
Como siempre, la recomendación es conseguir la edición original, publicada en inglés por Fantagraphics y en español en Planeta D'agostini, en tanto, les dejo aquí un link para descargarlo.


lunes, 27 de octubre de 2008

Homenaje a Ibargüengoitia IV

Pues ya falta un mes para el 25 aniversario luctuoso del maestro y nada más no se ve por donde se le vaya a hacer justicia, ellos se lo pierden dando realce a campañas para causas baladíes o nombrando calles con apelativos de gente que no recordarán en dos años.
Les dejo ahora un fragmento del texto en el cual Ibargüengotia estaba trabajando cuando con mal tino se le atravesó la muerte, que era uno de esos de corte autobiográfico aderezado con su fino humor negro. Se llamaba Isabel cantaba para ese tiempo, aunque ya había cambiado de título varias veces y Joy Laville afirma que en realidad para cuando el accidente ya había cambio de identidad por Los amigos. Letras libres publicó en febrero de este año una versión más extendida de la que les presento, visítenla los que se queden picados.

Isabel Cantaba

Isabel cantaba. Tenía buena voz pero lo importante es que cuando cogía una guitarra se transformaba: establecía con el instrumento una intimidad que atraía a los que la observaban. Isabel decía que “se entregaba” al cantar. Es posible: que ella se entregara y que los que la veíamos la imagináramos entregándose a cada uno con el mismo abandono que a la guitarra.
La conocí en un día de campo al que Pablo Escarpia me invitó porque quería presentarme a una actriz amiga suya, dijo. Después de la comida Isabel cogió la guitarra, se sentó en unas piedras, cantó “Quiero volver” y yo me enamoré de ella. Sentí que tenía que inventar algo para verla otra vez.
–Voy a hacerte una estrella –le dije.
La cité en los estudios para hacerle una prueba. Isabel era actriz de teatro y su ambición era entonces hacer el papel de Medea. Quería decir ante la cámara una parte del soliloquio, yo mandé al utilero por una guitarra y la hice cantar “Quiero volver”. Lo hizo con tanta pasión que cuando dije “corte” los manuales aplaudieron. Cuando vi la prueba en la pantalla me emocioné casi tanto como en el día de campo.
En este punto interviene el destino: Rotonda L’Aiglon rechazó el papel que tenía en El ogro dos días antes de que empezáramos a filmar. Provocó una situación que parecía desesperada, porque en ese momento no había en México una actriz conocida, buena o mala, que no estuviera filmando y Carlos Belfonte, el actor principal, tenía que comenzar otra película al cabo de tres semanas. Gregorio Spada, el productor, no hallaba qué hacer, gracias a eso logré que viera la prueba de Isabel. No aplaudió como los manuales –a Gregorio no le gustan las mujeres– pero dijo:
–Ponla mañana a hacer el papel, a ver si puede con él.
Al día siguiente Isabel estaba nerviosa, pero yo le di órdenes precisas:
–Estás tratando de descubrir el motivo del suicidio de tu padre, atraviesas al cuarto y vienes a pararte frente a la ventana.
Desde entonces tenía un andar admirable. Filmarla era como seguir con la cámara a una pantera. Carlos Belfonte quedó favorablemente impresionado.
–Tiene madera de actriz –me dijo, mirando las nalgas de Isabel.
Al día siguiente Gregorio aceptó darle el papel, Isabel estaba feliz, fue a mi despacho a darme las gracias y me besó. Yo traté de hacer el amor con ella allí mismo, pero se resistió.
–No puedo –me dijo.
–Vamos a otro lado.
–No insistas –me pidió– porque tendría que rechazar el papel.
–¿Por qué no? –pregunté.
–Amo a Ricardo.
Era el marido. Yo lo había conocido en el día de campo: “soy un hombre de negocios”, había dicho; le decía a su mujer “querida”. Miré a Isabel a los ojos y dije para mis adentros:
–Antes de tres semanas voy a tenerte en la cama.
Modificamos el papel de El ogro para meter una canción a fuerzas. Durante la filmación los manuales se peleaban por llevar la silla de Isabel. Gregorio observaba.
–¿Te has dado cuenta, Paquito –me dijo un día–, que la mitad del personal quisiera irse a la cama con la primera actriz?
No supe qué contestar. Gregorio siguió hablando:
–Es señal de que la película va a gustar al público. –Y fue a una mesa que estaba allí cerca a tocar madera.
No me importaba que otros tuvieran las mismas intenciones que yo, porque era el director y estaba en primer lugar. Cuando filmábamos ponía atención a Isabel, pero la trataba con brusquedad. Un día le dije, por ejemplo:
–No abras tanto la boca cuando dices “te amo” porque se te ve hasta la campanilla.
Carlos Belfonte me reprochó:
–Eres muy grosero con ella.
En otra ocasión dije a Isabel:
–Te peinas como María Félix. ¿Por qué no te restiras el pelo y nos dejas ver tu cara tal como es y no en medio de esa aureola ridícula?
Isabel se quedó sin aliento pero cambió de peinado. Hizo bien: ahora las mujeres se peinan como Isabel Aparicio y esto ocurrió gracias a mí.
Mi despotismo nomás duraba ocho horas, al terminar el trabajo los papeles se trastocaban.

Yo le decía:
–¿Quieres que te lleve a tu casa?
Y ella me contestaba:
–Gracias, pero Ricardo me está esperando.
Ricardo estaba en el estacionamiento, sentado adentro del coche, un Studebaker azul, de aquellos que parecían mariposas. Era tiempo de lluvias, Isabel iba a encontrarlo corriendo, cubriéndose con el libreto.
Isabel tenía buen carácter. Nunca habíamos hecho una película en que la primera actriz causara menos problemas; no tuvo pleitos ni con la maquillista, cosa notable. Gregorio estaba contento.
–Si El ogro no es un desastre –me dijo– contrato a Isabel por tres años.
Supimos que no iba a ser un desastre el día del estreno: Isabel acabó cantando “Quiero volver” en la rueda de prensa. Carlos Belfonte se molestó un poco y se fue a su casa temprano. Gregorio invitó a los demás a su departamento. Cuando entré en el salón, él estaba tocando “Blue Moon”, una de las tres piezas que sabe, Isabel estaba de espaldas a mí, apoyada en el piano. Sentí de pronto una ternura muy grande y fui directamente hacia ella, estuve a punto de acariciarla pero no me atreví, me acerqué hasta sentir el calor de su cuerpo. Cuando comprendió que había alguien atrás se dio la vuelta y al verme su rostro se transformó, sonrió y me tomó de ambas manos.
–Todo lo que ha pasado –me dijo– te lo debo a ti. No sé qué hacer para agradecerte. Yo sí sabía pero no se lo dije. Su gesto y la frase me habían conmovido.

viernes, 10 de octubre de 2008

Píscore

De las muy escasas cosas que ahora me provocan sonreír destacan Les Luthiers, genios absolutos demostrando su potencial en mi gag favorito: