No
estaba muy vinculado al cine -que es lo que atiende este perfil- , pero
era un cinéfilo freak, encabezó una cuasi secta intelectual que paralizó
al país por un tiempo, parte de las consecuencias de eso es que
Parménides se la tenía jurada y Paz debía salir por puertas traseras
para evitar su furia; cierto es que supo con tino ver lo absurdo del
comunismo de la URSS y con valor lo dijo, lo que le
valió ser desacralizado por la izquierda y vilipendiado hasta la
muerte, cuando todos, como hoy, lo han honrado. Cierto es que que como
pensador político era buen piloto aeroespacial, como cierta fue su
relación con Salinas y la grilla sistemática que movió por medio planeta
para que no le dieran el Nóbel a Rulfo y quedárselo él mismo.
Cierto es que fuera de las trapacerías el Nóbel le era merecido, que
nadie -con perdón de mis santos chamanes mexicanos- ha escrito una
poesía tan pulcra, luminosa, polisemántica y silvestre al mismo tiempo
como lo hacía él, quien fue el peor lector de sus propios poemas por su
voz aflautada, como cuando escuchamos hablar a Blue Demon y no dábamos
crédito a que ese gigante enmascadrado tuviese una voz tan nimia,
simplemente no cuaja. No cuaja como el que hoy sea celebrado por
personas que en su vida le han leído un verso, comenzando por el
presidente; por todos aquellos que alimentan al ogro filantrópico y hoy
le han hecho renacer con fuerza, mientras la imagen de la persona se va
envuelta en el viejito frágil que nos mostraron el 19 de abril del 98,
el abuelo bueno al que debemos adorar sin cuestionamientos, la piel
vacía que ha formado primero el gobierno y luego el imaginario colectivo
sin conocer la carne poderosa de cada uno de sus versos. Vamos a
meternos hoy a las venas del poeta, a lo que de él perdurará a través de
los tiempos, cuando ya no seamos menos nada que un recuerdo. Si acaso.
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,
un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,
una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrada por un ágata,
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,
voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosque de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro
los corredores de un otoño diáfano,
voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,
vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño en esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,
tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,
voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina,
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,
corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos los veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,
a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a oscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,
busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo con el instante, caigo a fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra.
piso mi sombra en busca de un instante,
busco una fecha viva como un pájaro,
busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tezontle:
la hora maduraba sus racimos
y al abrirse salían las muchachas
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba
envuelta por la luz bajo la arcada
y el espacio al ceñirla la vestía
de una piel más dorada y transparente,
tigre color de luz, pardo venado
por los alrededores de la noche,
entrevista muchacha reclinada
en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable,
he olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María,
tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo,
yedra que avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma,
escritura del fuego sobre el jade,
grieta en la roca, reina de serpientes,
columna de vapor, fuente en la peña,
circo lunar, peñasco de las águilas,
grano de anís, espina diminuta
y mortal que da penas inmortales,
pastora de los valles submarinos
y guardiana del valle de los muertos,
liana que cuelga del cantil del vértigo,
enredadera, planta venenosa,
flor de resurrección, uva de vida,
señora de la flauta y del relámpago,
terraza del jazmín, sal en la herida,
ramo de rosas para el fusilado,
nieve en agosto, luna del patíbulo,
escritura del mar sobre el basalto,
escritura del viento en el desierto,
testamento del sol, granada, espiga,
rostro de llamas, rostro devorado,
adolescente rostro perseguido
años fantasmas, días circulares
que dan al mismo patio, al mismo muro,
arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre,
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante
y por todos los siglos de los siglos
cierra el paso al futuro un par de ojos,
no hay nada frente a mí, sólo un instante
rescatado esta noche, contra un sueño
de ayuntadas imágenes soñado,
duramente esculpido contra el sueño,
arrancado a la nada de esta noche,
a pulso levantado letra a letra,
mientras afuera el tiempo se desboca
y golpea las puertas de mi alma
el mundo con su horario carnicero,
sólo un instante mientras las ciudades,
los nombres, los sabores, lo vivido,
se desmoronan en mi frente ciega,
mientras la pesadumbre de la noche
mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
y mi sangre camina más despacio
y mis dientes se aflojan y mis ojos
se nublan y los días y los años
sus horrores vacíos acumulan,
mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y sobrenada
rodeado de muerte, amenazado
por la noche y su lúgubre bostezo,
amenazado por la algarabía
de la muerte vivaz y enmascarada
el instante se abisma y penetra,
como un puño se cierra, como un fruto
que madura hacia dentro, echa raíces,
crece dentro de mí, me ocupa todo,
me expulsa el follaje delirante,
mis pensamientos sólo son sus pájaros
su mercurio circula por mis venas,
árbol mental, frutos sabor de tiempo,
oh vida por vivir y ya vivida,
tiempo que vuelve en una marejada
y se retira sin volver el rostro,
lo que pasó no fue pero está siendo
y silenciosamente desemboca
en otro instante que se desvanece:
frente a la tarde de salitre y piedra
armada de navajas invisibles
una roja escritura indescifrable
escribes en mi piel y esas heridas
como un traje de llamas me recubren,
ardo sin consumirme, busco el agua
y en tus ojos no hay agua, son de piedra,
y tus pechos, tu vientre, tus caderas
son de piedra, tu boca sabe a polvo,
tu boca sabe a tiempo emponzoñado,
tu cuerpo sabe a pozo sin salida,
pasadizo de espejos que repiten
los ojos del sediento, pasadizo
que vuelve siempre al punto de partida,
y tú me llevas ciego de la mano
por esas galerías obstinadas
hacia el centro del círculo y te yergues
como un fulgor que se congela en hacha,
como luz que desuella, fascinante
como el cadalso para el condenado,
flexible como el látigo y esbelta
como un arma gemela de la luna,
y tus palabras afiladas cavan
mi pecho y me despueblan y vacían,
uno a uno me arrancas los recuerdos,
he olvidado mi nombre, mis amigos
gruñen entre los cerdos o se pudren
comidos por el sol en un barranco,
no hay nada en mí sino una larga herida,
una oquedad que ya nadie recorre,
presente sin ventanas, pensamiento
que vuelve, se repite, se refleja
y se pierde en su misma transparencia,
conciencia traspasada por un ojo
que se mira mirarse hasta anegarse
de claridad:
yo vi tu atroz escama,
melusina, brillar verdosa al alba,
dormías enroscada entre las sábanas
y al despertar gritaste como un pájaro
y caíste sin fin, quebrada y blanca,
nada quedó de ti sino tu grito,
y la cabo de los siglos me descubro
con tos y mala vista, barajando
viejas fotos:
no hay nadie, no eres nadie,
un montón de ceniza y una escoba,
un cuchillo mellado y un plumero,
un pellejo colgado de unos huesos,
un racimo ya seco, un hoyo negro
y en el fondo del hoy los dos ojos
de una niña ahogada hace mil años,
miradas enterradas en un pozo,
miradas que nos ven desde el principio,
mirada niña de la madre vieja
que ve en el hijo grande su padre joven,
mirada madre de la niña sola
que ve en el padre grande un hijo niño,
miradas que nos miran desde el fondo
de la vida y son trampas de la muerte
—¿o es al revés: caer en esos ojos
es volver a la vida verdadera?,
¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!
—esta noche me basta, y este instante
que no acaba de abrirse y revelarme
dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,
cómo me llamo yo:
¿hacía planes
para el verano —y todos los veranos—
en Christopher Street, hace diez años,
con Filis que tenía dos hoyuelos
donde veían luz los gorriones?,
¿por la Reforma Carmen me decía
"no pesa el aire, aquí siempre es octubre",
o se lo dijo a otro que he perdido
o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?,
¿caminé por la noche de Oaxaca,
inmensa y verdinegra como un árbol,
hablando solo como el viento loco
y al llegar a mi cuarto —siempre un cuarto—
no me reconocieron los espejos?,
¿desde el hotel Vernet vimos al alba
bailar con los castaños — “ya es muy tarde”
decías al peinarte y yo veía
manchas en la pared, sin decir nada?,
¿subimos juntos a la torre, vimos
caer la tarde desde el arrecife?,
¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos
gardenias en Perote?,
nombres, sitios,
calles y calles, rostros, plazas, calles,
estaciones, un parque, cuartos solos,
manchas en la pared, alguien se peina,
alguien canta a mi lado, alguien se viste,
cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos,
Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes escupidas
y el huracán de los motores, fijo:
los dos se desnudaron y se amaron
por defender nuestra porción eterna,
nuestra ración de tiempo y paraíso,
tocar nuestra raíz y recobrarnos,
recobrar nuestra herencia arrebatada
por ladrones de vida hace mil siglos,
los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio,
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
oh ser total...
cuartos a la deriva
entre ciudades que se van a pique,
cuartos y calles, nombres como heridas,
el cuarto con ventanas a otros cuartos
con el mismo papel descolorido
donde un hombre en camisa lee el periódico
o plancha una mujer; el cuarto claro
que visitan las ramas del durazno;
el otro cuarto: afuera siempre llueve
y hay un patio y tres niños oxidados;
cuartos que son navíos que se mecen
en un golfo de luz; o submarinos:
el silencio se esparce en olas verdes,
todo lo que tocamos fosforece;
mausoleos del lujo, ya roídos
los retratos, raídos los tapetes;
trampas, celdas, cavernas encantadas,
pajareras y cuartos numerados,
todos se transfiguran, todos vuelan,
cada moldura es nube, cada puerta
da al mar, al campo, al aire, cada mesa
es un festín; cerrados como conchas
el tiempo inútilmente los asedia,
no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio,
abre la mano, coge esta riqueza,
corta los frutos, come de la vida,
tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!,
todo se transfigura y es sagrado,
es el centro del mundo cada cuarto,
es la primera noche, el primer día,
el mundo nace cuando dos se besan,
gota de luz de entrañas transparentes
el cuarto como un fruto se entreabre
o estalla como un astro taciturno
y las leyes comidas de ratones,
las rejas de papel, las alambradas,
los timbres y las púas y los pinchos,
el sermón monocorde de las armas,
el escorpi@³n meloso y con bonete,
el tigre con chistera, presidente
del Club Vegetariano y la Cruz Roja,
el burro pedagogo, el cocodrilo
metido a redentor, padre de pueblos,
el Jefe, el tiburón, el arquitecto
del porvenir, el cerdo uniformado,
el hijo predilecto de la Iglesia
que se lava la negra dentadura
con el agua bendita y toma clases
de inglés y democracia, las paredes
invisible, las máscaras podridas
que dividen al hombre de los hombres,
al hombre de sí mismo,
se derrumban
por un instante inmenso y vislumbramos
nuestra unidad perdida, el desamparo
que es ser hombres, la gloria que es ser hombres
y compartir el pan, el sol, la muerte,
el olvidado asombro de estar vivos;
amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen,
amar es desnudarse de los nombres:
"déjame ser tu puta", son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la tomó por esposa y como premio
lo castraron después;
mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la sustancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo
en monedas de cobre y mierda abstracta;
mejor la castidad, flor invisible
que se mece en los tallos del silencio,
el difícil diamante de los santos
que filtra los deseos, sacia al tiempo,
nupcias de la quietud y el movimiento,
canta la soledad en su corola,
pétalo de cristal es cada hora,
el mundo se despoja de sus máscaras
y en su centro, vibrante transparencia,
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre,
se contempla en la nada, el ser sin rostro
emerge de sí mismo, sol de soles,
plenitud de presencias y de nombres;
sigo mi desvarío, cuartos, calles,
camino a tientas por los corredores
del tiempo y subo y bajo sus peldaños
y sus paredes palpo y no me muevo,
vuelvo adonde empecé, busco tu rostro,
camino por las calles de mí mismo
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado
caminas como un árbol, como un río,
creces como una espiga entre mis manos,
lates como una ardilla entre mis manos,
vuelas como mil pájaros, tu risa
me ha cubierto de espumas, tu cabeza
es un astro pequeño entre mis manos,
el mundo reverdece si sonríes
comiendo una naranja,
el mundo cambia
si dos, vertiginosos y enlazados,
caen sobre la yerba: el cielo baja,
los árboles ascienden, el espacio
sólo es luz y silencio, sólo espacio
abierto para el águila del ojo,
pasa la blanca tribu de las nubes,
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
perdemos nuestros nombres y flotamos
a la deriva entre el azul y el verde,
tiempo total donde no pasa nada
sino su propio transcurrir dichoso,
no pasa nada, callas, parpadeas
(silencio: cruzó un ángel este instante
grande como la vida de cien soles),
¿no pasa nada, sólo un parpadeo?
—y el festín, el destierro, el primer crimen,
la quijada del asno, el ruido opaco
y la mirada incrédula del muerto
al caer en el llano ceniciento,
Agamenón y su mugido inmenso
y el repetido grito de Casandra
más fuerte que los gritos de las olas,
Sócrates en cadenas (el sol nace,
morir es despertar: "Critón, un gallo
a Esculapio, ya sano de la vida"),
el chacal que diserta entre las ruinas
de Nínive, la sombra que vio Bruto
antes de la batalla, Moctezuma
en el lecho de espinas de su insomnio,
el viaje en la carreta hacia la muerte
—el viaje interminable mas contado
por Robespierre minuto tras minuto,
la mandíbula rota entre las manos—,
Churruca en su barrica como un trono
escarlata, los pasos ya contados
de Lincoln al salir hacia el teatro,
el estertor de Trotsky y sus quejidos
de jabalí, Madero y su mirada
que nadie contestó: ¿por qué me matan?,
los carajos, los ayes, los silencios
del criminal, el santo, el pobre diablo,
cementerios de frases y de anécdotas
que los perros retóricos escaran,
el delirio, el relincho, el ruido oscuro
que hacemos al morir y ese jadeo
de la vida que nace y el sonido
de huesos machacados en la riña
y la boca de espuma del profeta
y su grito y el grito del verdugo
y el grito de la víctima...
son llamas
los ojos y son llamas lo que miran,
llama la oreja y el sonido llama,
brasa los labios y tizón la lengua,
el tacto y lo que toca, el pensamiento
y lo pensado, llama el que lo piensa,
todo se quema, el universo es llama,
arde la misma nada que no es nada
sino un pensar en llamas, al fin humo:
no hay verdugo ni víctima...
¿y el grito
en la tarde del viernes?, y el silencio
que se cubre de signos, el silencio
que dice sin decir, ¿no dice nada?,
¿no son nada los gritos de los hombres?,
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo?
—no pasa nada, sólo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada,
no hay rendición, no vuelve atrás el tiempo,
los muertos están fijos en su muerte
y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto,
desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos,
su muerte ya es la estatua de su vida,
un siempre estar ya nada para siempre,
cada minuto es nada para siempre,
un rey fantasma rige tus latidos
y tu gesto final, tu dura máscara
labra sobre tu rostro cambiante:
el monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra
—¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida —pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos—,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no soy si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,
Eloísa, Perséfona, María,
muestra tu rostro al fin para que vea
mi cara verdadera, la del otro,
mi cara de nosotros siempre todos,
cara de árbol y de pandero,
de chofer y de nube y de marino,
cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
cara de solitario colectivo,
despiértame, ya nazco:
vida y muerte
pactan en ti, señora de la noche,
torre de claridad, reina del alba,
virgen lunar, madre del agua madre,
cuerpo del mundo, casa de la muerte,
caigo sin fin desde mi nacimiento
caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,
recógeme en tus ojos, junta el polvo
disperso y reconcilia mis cenizas,
ata mis huesos divididos, sopla
sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,
tu silencio dé paz al pensamiento
contra sí mismo airado;
abre la mano,
señora de semillas que son días,
el día es inmortal, asciende, crece,
acaba de nacer y nunca acaba,
cada día es nacer, un nacimiento
es cada amanecer y yo amanezco,
amanecemos todos, amanece
el sol cara de sol, Juan amanece
con su cara de Juan cara de todos,
puerta del ser, despiértame, amanece,
déjame ver el rostro de este día,
déjame ver el rostro de esta noche,
todo se comunica y transfigura,
arco de sangre, puente de latidos,
llévame al toro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de pronombres enlazados,
puerta del ser: abre tu ser, despierta,
aprende a ser también, labra tu cara,
trabaja tus facciones, ten un rostro
para mirar mi rostro y que te mire,
para mirar la vida hasta la muerte,
rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
manantial que disuelve nuestros rostros
en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
indecible presencia de presencias...
quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
Piedra de Sol. México, 1957
lunes, 31 de marzo de 2014
domingo, 20 de octubre de 2013
Monosatírico X: La partida de Bergman
Conocí
a la muerte hoy, estamos jugando ajedrez.
(línea de Max Von
Sidow en El Séptimo Sello)
El 30 de julio de 2007 murió Ingmar Bergman. La noticia,
sin embargo, no causó gran revuelo, fue mencionada en los noticiarios en medio
de notas acerca del clima, las declaraciones de un artista en el escándalo, tal
vez un incendio. Sin darle relevancia quizá porque se consideró que había en la
vida cosas más urgentes que atender.
Fue, sin embargo, un suceso desolador, en función de que no
habrá ya manera de que continúe creando arte, de que una de las últimas mentes
maestras del cine no volverá a maravillarnos con sus reflexiones de celuloide,
y es que la obra de Bergman es un paradigma de la estrecha vinculación que el
cine puede alcanzar con el arte y la filosofía, de cómo conjuntando estas se
consigue un documento inconmensurable para explicarnos la vida.
Cierto, las películas que realizó son difíciles de
digerir para el espectador promedio y aún para algunos que están más entrenados
en la apreciación cinematográfica, pero es que la carga expresiva de cada una
de ellas requiere de una completa entrega a la obra. Su cine es tremendamente
personal e intimista, pero al mismo tiempo se vuelve una expresión universal
gracias a la profundidad reflexiva de los temas que en éste abordaba.
Proveniente de una familia extremadamente puritana los valores que le fueron
inculcados dieron pie a una serie de cuestionamientos morales y filosóficos que
estudiaría a través de sus películas: la idea de Dios; el amor; la infancia; la
muerte; la culpa y la redención fueron diseccionados a través de sus filmes
como ningún otro director ha podido hacerlo.
La fuerza motriz de su quehacer fílmico, empero, recaía
en buena medida en sus guiones, de manera que la verbalidad muchas veces se
imponía como el elemento principal de la escena, dicho esto sin demeritar la
difícil labor de interpretación a la que se enfrentaban sus actores, pensemos
por ejemplo en, Persona (1966), para
muchos su obra cumbre y para mi una de las mejores en la historia del cine, en
la que Liv Ullman interpreta a una actriz que repentinamente decide dejar de
hablar y la enfermera que se encarga de cuidarla, encarnada por Bibi Anderson,
entabla una comunicación unilateral con su paciente, hasta que la simbiosis de
ambas les convierte en una sola persona. Un tercer personaje, la doctora,
muestra en un hermoso monólogo su fascinación por el caso que atiende:
“Entender, bien.
El sueño sin esperanzas de Ser, no aparentar, sino Ser. Alerta en cada momento
de la vigilia. El abismo que hay entre lo que eres ante otros y lo que eres a
solas. El vértigo y la hambrienta necesidad de ser desenmascarada, de ser vista
por dentro, quizá incluso de ser destruida. Cada inflexión y cada gesto es una
mentira, cada sonrisa una mueca. ¿Suicidio?, no, demasiado vulgar. Pero si
puedes rehusarte a moverte, a hablar, de manera que no tengas que mentir. Puedes
callarte interiormente. Entonces no necesitarás interpretar ningún papel o
hacer gestos erróneos. O así lo crees. Pero la realidad es diabólica. Tu
escondite no es impermeable. La vida gotea desde el exterior, y así, te ves
obligada a reaccionar. Nadie cuestiona si es verdadero o falso, si eres genuina
o sólo una embustera. Esas cosas sólo importan en el teatro, y aún ahí
difícilmente. Entiendo porqué no hablas, porqué no te mueves, porqué has creado
el papel de una apática para interpretarlo. Lo entiendo. Lo admiro. Debes
interpretarlo hasta que termine la obra, hasta que pierda interés para ti.
Entonces podrás abandonarlo, justo como has abandonado otras partes de ti una a
una”.
Alguien me comentó fascinado que Bergman debería haber
ganado en Premio Nóbel de Literatura y sinceramente veo que tiene razón, si el
cine es un arte que congrega a otras expresiones artísticas, el genio sueco
supo destacar cada elemento que conforma un filme para hacer obras
imperecederas y en el guión y dirección plasmó un discurso personal que de
mucho sirve para entender la condición humana, algo que supo hacer mejor que
ningún otro; dejó de filmar en 1984, de dirigir teatro en 2003 y de estar en
nuestro mismo plano hace seis años, aunque pensándolo bien ya mucho antes se había
elevado del mismo.
Monosatírico IX: Memorias de cine al vuelo
La primera exhibición de cine en San Luis Potosí,
registrada el 20 de noviembre de 1896 en casa del señor Paulino Almanza
prefiguraba ya que este arte habría de sustentarse en la promoción
independiente y como tal ha logrado consolidarse en las últimas dos décadas, en
que la comunidad cinéfila ha crecido como una consumidora habitual del séptimo
arte.
Si los datos no me traicionan, el primer cineclub
de la capital potosina se estableció gracias a la Alianza Francesa en la década
de los setenta y el mismo permaneció en funciones hasta mediados de los
noventa, ya para entonces con una colección importante de títulos en video que
a muchos nos sirvieron como primeras lecciones dentro del conocimiento de este
arte.
En los años ochenta otra alternativa para tener
acceso a películas de calidad eran los ciclos que organizaba Periodistas
Cinematográficos de México (PECIME) en la sala del Cinema San Luis 70, de ellos
recuerdo en particular uno que me marcó a los 13 años (uno se las ingeniaba
para entrar a funciones de clasificación “C”), “Historias extraordinarias de terror 3ª parte”, que incluía entre
otras joyas el Nosferatu de Herzog, La fosa y el péndulo de Corman y Un hombre lobo americano en Londres, de
Landis.
De regreso a los noventa hay que destacar la apertura de cineclubes en las casas de
cultura de San Sebastián y San Miguelito, así como el que formó Jorge Ramírez
Pardo y más tarde el de Carlos Ávalos en el Ágora, donde actualmente es la sede
de la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí. En ellos se puede ubicar la
semilla de lo que actualmente tenemos en materia de difusión de la cinematografía.
Hubo en esa década tres momentos fundamentales más: la celebración de los 100
Años del Cine coordinada por el entonces Instituto de Cultura al mando del
Doctor Eudoro Fonseca y con la participación en programación y realización de
promotores como Juan José Barrios, Carlos Reyes, Carlos Ávalos, Ernesto
Baltasar Sierra y Toño Meave, amén de la colaboración del entrañable Álvaro
Muñoz de la Peña.
Por el mismo tiempo llega a San Luis la Muestra
Internacional de la Cineteca, el mayor festín fílmico del país finalmente a
nuestro alcance, que tuvo su mejor momento en su sede de los Cines del Valle,
cuando propios y extraños (literalmente) en el éxtasis de encontrarnos con
películas que por malas o buenas sabíamos que
era casi seguro no volveríamos a ver, nos reuníamos a intercambiar opiniones
entre función y función en un ambiente cinéfilo insuperable y
desafortunadamente hasta hoy no repetido.
El otro hito fue la creación del Cineclub de la
UASLP de la mano de Carla Díaz, espacio que gracias a su constancia mantuvo el
interés de la comunidad cinéfila para que justo al inicio de este siglo se
diera el momento de pedir como ciudadanos una Cineteca para el Estado, lo que
se logró con el apoyo de la federación, quien cedió en comodato el Cine Teatro
Alameda, joya arquitectónica emblemática de la ciudad que tras once años de abandono
pasó por un proceso de remodelación de su sala y cabina de proyección para que
finalmente en junio de 2006 se concretara el nacimiento de Cineteca Alameda.
A la fecha hay varios cineclubes en funciones en la
capital del estado, tanto en instituciones culturales oficiales como en
escuelas, universidades y espacios alternativos de particulares, también
recientemente se abrieron foros de este tipo en algunos municipios aunque no
mantienen continuidad, algo lamentable dado el hecho de que salvo en la
capital, Matehuala y Ciudad Valles, no se cuenta con salas comerciales de cine
en los municipios del Estado. Por fortuna andan por ahí algunos promotores
culturales neceando con el cine toda vez que entienden este como un fenómeno
social no necesariamente limitado al esparcimiento de escape, ojalá sigan con
ese ánimo. Regresamos entonces al punto de origen, la defensa y promoción de la
cultura cinematográfica se encuentra en manos de quienes ven en el cine algo
más que un mero espectáculo para vender muchas palomitas y en ese camino
deberían seguir a fin de preservar esta parte de nuestra memoria y patrimonio,
de recordar lo que somos y fuimos, que también para eso sirve el cine.
Monosatírico VIII: De la salud y la creación
En
fechas recientes dos casos obligan a reflexionar de nueva cuenta sobre las
condiciones de desventaja en las cuales se desarrolla la labor de los trabajadores
culturales del país, ambas vinculadas con algo tan delicado como es la salud.
Por un lado el maestro Gustavo García, respetado crítico y profesor de cine,
por el otro Enrique Ballesté, dramaturgo, poeta y cantautor con un vínculo
especial con San Luis Potosí, ambos graves, ambos impedidos para hacer frente a
su situación médica en buena medida por la inequidad en la aplicación de la
seguridad social.
En
abril de 2011 la entonces senadora María Rojo propuso una iniciativa de ley llamada “Fondo de apoyo para el acceso
de artistas, creadores y gestores culturales a la seguridad social”, documento
en el que pugna precisamente por aquello que en su nombre enuncia y que –al no
ser considerado como algo de mediana importancia- ha sido relegado de su
discusión en la Cámara de Diputados, donde el pasado 30 de abril, última día
del periodo ordinario de sesiones, volvieron a posponer su revisión a
septiembre en función de que en esa fecha se estaba discutiendo la Ley de
Telecomunicaciones, que obviamente engloba intereses mucho más poderosos que la
salud y futuro de quien se dedica a la creación.
La
iniciativa, que es en sí misma plausible, guarda sin embargo algunos detalles
que han generado duda en estudiosos de la cultura, sobre todo a partir de dos
puntos: el hecho de que los trabajadores culturales accedieran a este servicio
a través de un fideicomiso y que el mismo sea operado a través de un padrón
levantado y actualizado por CONACULTA, transcribo algunas partes seleccionadas
de la Exposición de motivos:
“…se ha considerado que un fideicomiso es el
instrumento jurídico idóneo para convocar al Estado Mexicano y a los
trabajadores culturales a realizar un esfuerzo conjunto que permita la
incorporación de éstos al Seguro Social con todas las prestaciones previstas en
la Ley de la materia, en especial el servicio médico y el fondo de retiro… con
terrible frecuencia no cuentan con recursos para afrontar una enfermedad grave
ni retirarse con dignidad cuando las circunstancias les impiden continuar con
su labor como trabajadores culturales.” En particular es interesante el acceso
que puede tenerse al fondo de retiro, impensable para la mayor parte de los
creadores. Esta parte es sin embargo la que podría inquietar más a Hacienda,
que de inmediato señalará con seguridad que no hay de dónde tomar recursos para
cubrir estos emolumentos, con todo y que de acuerdo a los propios números de
gobierno los trabajadores culturales generan el 7% del Producto Interno Bruto y
en cambio en el presupuesto de egresos de la federación apenas le retribuye el
1%.
Continúa la iniciativa: “El fideicomiso,
constituido inicialmente con recursos presupuestales y alimentado con
aportaciones de los propios trabajadores culturales y otras aportaciones
públicas o privadas… y su objeto es otorgar un apoyo a artistas, creadores y
gestores culturales para su incorporación voluntaria al régimen obligatorio del
Seguro Social… la ejecución de sus fines se apoyaría en el Consejo Nacional
para la Cultura y las Artes (CONACULTA), órgano desconcentrado que a su vez
tendría la responsabilidad de constituir, operar y mantener actualizado el Registro
Nacional de Artistas, Creadores y Gestores Culturales, instrumento fundamental
para el otorgamiento del apoyo y cuya existencia es acorde con las labores que
CONACULTA viene realizando a través del Sistema de Información Cultural y los
diferentes programas y fondos de apoyo a la creación artística…”. Seguro una
reglamentación posterior señalaría los mecanismos pero en tanto queda la duda
sobre como mantendrá la actualización del registro CONACULTA y sobre qué bases
se decidirá quién puede ser considerado artista, creador o gestor cultural para
tener acceso al fideicomiso.
Perfectible como puede ser cualquier iniciativa, es
importante revisar ésta y buscar la manera de que el acceso a un derecho
fundamental como es la salud, y los beneficios adicionales, quede garantizado
para quien dedica su vida a la creación –independientemente de la alta
voluntaria que permite el IMSS- y que esto a su vez de pie a un involucramiento
más cercano por parte de los trabajadores culturales para que su actividad y
forma de vida sea debidamente cubierta por las leyes. El tema da para mucho,
espero acceder a comentarios de la comunidad potosina para ampliar el tema en
el futuro cercano.
Posdata:
Para apoyar al maestro Ballesté vía depósito bancario se puede hacer a la
cuenta Banamex n. 8720877 no. de surcusal 541 clabe 002180054187208770 a nombre
de Andrea Martínez Ballesté.
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